24 Julio 2010
Por Unx
Cuando la armadura emergió completamente de las aguas, Roberto pudo contemplar las perneras y las grebas, así como la faldilla carmesí con flecos de oro que lucía ceñida a la cintura, por debajo de las correas de cuero negro que mantenían las protecciones de la cadera. La armadura, permaneció de pie fuera de las aguas durante unos segundos hasta que finalmente hincó una rodilla en la arcilla fangosa de la orilla y alzó la espada por encima de su yelmo, agarrando la espada por el filo con sumo cuidado, orientando la empuñadura hacia Roberto y bajando la cabeza en un gesto reverencial. Roberto no hizo esperar al ser fantasmal surgido de las aguas y avanzó en su dirección para recoger el excelente presente que le ofrecía el hombre de acero. Para cuando estuvo delante de él, toda la armadura parecía nueva y reluciente, sin resto alguno de las algas que había tenido enganchadas segundos antes.
Roberto cogió la espada por la empuñadura y la levantó, ya en su poder. Las brillantes pulsiones plata y doradas cesaron al momento, como si de repente la espada las absorbiera dentro de ella. La espada estaba ardiendo, como si hubiera sido forjada en ese mismo instante, pero no causaba dolor ni herida en la mano que la empuñaba. La armadura, tras cesar el contacto de su metal con el de la espada, se volvió negra de nuevo, como si su claridad hubiera sido absorbida también por la espada.
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24 Julio 2010
Por Unx
Roberto se despertó acto seguido. Excalibur aun no había acabado. Carmina Burana sonaba por los altavoces del televisor mientras en la pantalla multitud de caballeros con espléndidas armaduras de acero cabalgaban a lomos de corceles ataviados para la batalla. Sabía que escena venía a continuación. Roberto se desveló y decidió ver acabar la película. Pasaron los minutos y en un baile de sombras Arturo se batió con Mordred, pertrechado con su armadura de oro. La lanza de éste ensartó a Arturo en el pecho, atravesándolo a la vez que este acababa con Mordred usando su magnífica espada de Rey, Excalibur.
A Roberto siempre le había parecido que era un final algo soso y técnicamente pobre, pero le fascinaba el desenlace. Padre e hijo mueren, el uno a manos de otro. No podía ser de otra forma.
Se levantó del sofá únicamente para apagar la televisión y el DVD y volvió a acostarse en el sofá. Se colocó boca arriba, recordando su extraño sueño y analizando el final de la película, saltando de un recuerdo a otro sin orden ni concierto. Había sido un sueño raro, recordaba haber revivido lo leído en aquel extraño diario. Las últimas palabras de aquel hombre muerto manuscritas en la libreta. Había sido una lectura inquietante, pero Roberto no se sentía perturbado en exceso. El sueño volvió a hacer acto de presencia y sin que se diera cuenta, volvió a quedarse dormido y el sueño continuó.
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24 Julio 2010
Por Unx
En su sueño Roberto se despertaba de madrugada, pero no estaba tumbado en el sofá, estaba en una cama de matrimonio, grande y espaciosa, tapado con una sabana y un plumón. El ambiente era cálido bajo las sabanas y Roberto se sentía muy cómodo. Giró a su izquierda y se encontró con un cuerpo tumbado de lado en la cama, dándole la espalda. Aun era de noche, pero algo de claridad entraba por la ventana. La suficiente para hacer brillar los cabellos dorados de su acompañante. La conocía, pero no sabía su nombre.
Roberto le puso una mano en la cintura, en un gesto de cariño, y notó el frío. Sobresaltado salió de la cama sin importar la diferencia de temperatura que había dentro y fuera de la cama. Miró el reloj que había dispuesto sobre la mesita de noche y el reloj marcaba las cinco y diecinueve minutos. Sentía una sensación extraña, ese era su hogar y a la vez no lo era. Sabía donde estaba pero estaba desorientado. Dio la vuelta a la cama y se puso enfrente del cuerpo tumbado y frío. Era una mujer muy bella. Su pelo era rubio y largo y brillaba de forma mágica a la luz de la luna que entraba por la persiana medio bajada de la ventana. Los rasgos de su rostro eran finos y delicados y la piel de su cara lucía un blanco que era a la vez fúnebre y cautivador. Roberto le puso una mano en la frente para confirmar la temperatura y notó como la mano se le helaba, posada entre su piel y cabellos. Estaba muerta, no obstante la tranquilidad de su rostro hacía pensar en que su transito de la vida a la muerte había sido de lo más armonioso.
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24 Julio 2010
Por Unx
La improvisada pira ardió durante horas, iluminando la calle con una luz mucho más intensa que la proporcionada por las escasas farolas de aquella avenida, tan alejado del centro de la ciudad. La había confeccionado a base de maderos secos que Roberto había encontrado en la caseta de la piscina, disponiéndolos en el asfalto de la calle, enfrente de la puerta de la casa, como si de un lecho se tratase. Sobre los maderos Roberto había dispuesto los cadáveres descabezados del padre y de la hija, uno sobre otro, rodeados por los objetos personales que Roberto había retirado horas antes. La libreta de tapas negras también tenía un sitio en la pira, en ella había leído que en el parking había tres pequeños depósitos de gasolina de cinco, ocho y diez litros cada uno. Los tres estaban repletos de gasolina que aquel hombre se había esforzado en recolectar de los coches igual que lo hiciera él mismo días atrás, usando un trozo de manguera. Con esa gasolina había iniciado el fuego que ahora ardía, consumiéndolo todo con sus altas llamas rojas y crepitantes.
Había sudado la gota gorda para bajar el cuerpo del hombre que yacía postrado en la butaca del despacho. Lo había envuelto en una sábana y lo había bajado cargándolo entre sus brazos por las escaleras. El cuerpo de la niña había costado menos, también envuelto en un sudario que no era otra cosa que otra sábana más. Mientras lo llevaba fuera, entre sus brazos, Roberto había temido que unas manos pequeñas y frías surgieran de entre los pliegues de la sábana y se le aferraran al cuello, pero por suerte para él, aquello finalmente no había ocurrido. Parecía que realmente aquella niña había muerto de una vez y para siempre. Tras sacar los cuerpos afuera, los brazos le dolían a rabiar.
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16 Julio 2010
Por Unx
Consiguió volver a respirar, pero sólo cuando notó que el corazón se le iba a salir del pecho. Se obligó a hacerlo lenta y pausadamente. Aquella espera se estaba volviendo horrorosa, y solo habían pasado unos segundos. Aquella cosa tenía que cruzar la puerta ya, o Roberto caería fulminado por un infarto. En un intento por precipitar la situación Roberto separó el dedo del disparador y dio un paso al frente, alargó los brazos y golpeó la puerta entreabierta con la punta de los dos cañones haciendo un ruido seco y sordo. Acto seguido un siseo ronco y perturbador emergió de la oscuridad. El sonido de una bestia infernal, de un ser aterrador y gigantesco. Saltó de nuevo atrás colocándose en posición y se preparó para lo que pudiera pasar.
Roberto había dejado la chaqueta dentro de la casa, sobre el sofá, no obstante notaba como todo su cuerpo ardía. El sudor de su frente se fundía en sus cejas negras. Rezó por que no le entrara en los ojos.
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16 Julio 2010
Por Unx
Roberto se dirigía a la puerta de nuevo, habiendo cambiado el pico por una escopeta. Su objetivo se encontraba detrás de la casa, por el camino que se abría paso hasta detrás, donde se encontraba la piscina. Su atención estaba totalmente centrada en el arma que tenía entre manos. Aquel trasto pesaba que daba gusto. Roberto lo inspeccionaba con la mirada e intentaba mantener los dedos alejados del gatillo, por si acaso. El arma era larga, de unos noventa centímetros, los dos cañones paralelos eran de un color metálico oscuro y azulado tan pulido que uno podía verse reflejado en la oscuridad de su tonalidad, la culata era de madera maciza, pulida y barnizada hasta la saciedad, tanto que Roberto dudó de que no fuera de plástico. Los cañones se podían abrir dejando a la vista la recámara para dos cartuchos y mediante una especie de pestaña de metal negro se podía seleccionar el cañón que efectuaría el disparo al apretar el gatillo. Roberto cambió la posición del seleccionador para habilitar el cañón que se encontraba cargado.
Justo antes de salir, Roberto se aseguró de llevar las llaves de la puerta principal encima antes de cruzarla. Se palpó los bolsillos y reconoció su forma. Alargó la mano derecha y cogió el manojo de llaves donde había leído que se encontraba la llave de la caseta de la piscina y se lo guardó en el mismo bolsillo donde llevaba las otras llaves. Aquel hombre había detallado todas las instrucciones para no dejar ningún cabo sin atar.
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15 Julio 2010
Por Unx
El sofá era grande y cómodo, tres personas cabían allí perfectamente y Roberto intuiría luego que allí uno se podría pegar una buena siesta. Pero en aquel momento, la siesta no era precisamente lo que más le preocupaba. Allí, entre sus manos, la libretilla negra de bolsillo era lo único en que Roberto podía pensar.
Finalmente se obligó a retirar la goma elástica y liberar las tapas de negro cartón endurecido. Revisó las primeras páginas y pasó por alto diversas notas que no parecían contener nada importante. Algunos números de teléfono, notas sobre cosas por hacer y otras tachadas que debían de estar hechas ya. Pasó otras cuantas páginas más y su atención se centró en una lista de productos que le sonaron familiares, la gran mayoría de las cosas que había apuntado estaban tachadas, cosas como gasolina, comida en lata, agua, cartuchos para la escopeta y otras tantas cosas, unas tachadas y otras no. Aquello se ponía interesante. Pues Roberto no tenía dudas de que aquellas notas habían sido tomadas después del incidente. Pasó unas páginas más. Divisó algunos garabatos indescifrables, un gran tachón y por fin encontró lo que andaba buscando. Era un texto que ocupaba varias páginas y que comenzaba indicando una fecha, día, mes y año. Roberto imaginó, sin atreverse a leer lo que allí ponía de momento, que aquello era una carta de despedida. La fecha era del día anterior, del día en que Roberto decidió escapar de su clausura y enfrentarse al nuevo mundo fuera de los límites de su trastero.
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15 Julio 2010
Por Unx
De lo que pasó antes de que Roberto encontrara el cadáver inerte del ex-propietario y también ex-primer superviviente pocos recuerdos quedarían. La casa era más grande de lo que podía parecer desde fuera. En el primer piso se encontraba un recibidor, un salón bastante decente, la cocina y un pequeño lavabo. En el segundo piso había dos habitaciones, una de matrimonio y un cuarto dormitorio decorado con pósters de los ídolos pop del momento donde imperaban los colores pastel que pertenecía a la hija del propietario, un segundo lavabo amplio y espacioso y un despacho donde se encontraba el cuerpo reventado del hombre en el que Roberto había puesto tantas esperanzas.
La casa estaba decorada de forma sobria pero acogedora. Los muebles eran del color del ébano y no faltaba ningún electrodoméstico de nueva generación que Roberto pudiera echar en falta salvo la videoconsola, cosa que no supuso ningún problema pues la podría poner él. Su modesto piso quedaba a la altura lado del betún a todos los niveles comparado con aquella casa. Y no solo en cuanto a decoración el ex-superviviente aventajaba a Roberto, durante los días en que Roberto había estado encerrado en su trastero, aquella persona se había molestado en confeccionar una espléndida despensa con todo tipo de alimentos, fármacos e incluso gasolina para hacer funcionar un pequeño generador eléctrico que estaba situado en la pequeña caseta de obra que estaba situada en la parte trasera de la casa, junto a una pequeña piscina de racholitas azul turquesa. Si no fuera invierno, Roberto se hubiera alegrado mucho de disponer de ella. De momento, el generador no le haría falta pues milagrosamente la electricidad seguía llegando a todo el aparataje eléctrico de la zona. Aunque a Roberto se le antojaba que duraría poco.
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19 Junio 2010
Por Unx
Desde dentro del coche se sentía algo más seguro, pero seguía con la extraña sensación de estar siendo observado. Decidió moverse de allí y recorrer la calle para ver si podía encontrar alguna pista que aclarase el dilema. Aunque más que eso, buscaba una pista que tranquilizara sus pensamientos, los cuales no cesaban que susurrarle que había sido víctima de una cruel broma, que allí no había nadie y que todas sus esperanzas eran en vano.
Aplicando cierta razón, Roberto intentó convencerse de que había miles de opciones más plausibles que la de ser objetivo de una jugarreta del destino y que, si no había visto a nadie, quizá fuese porque aquella persona había salido en pos de algunos víveres u objetos de necesidad. Aquel razonamiento no le pareció nada descabellado, él mismo estaba ahí fuera en busca de recursos para facilitar su supervivencia, intentando buscarse la vida. De este modo, Roberto pareció calmarse y ganó fuerzas para volver a poner en movimiento su vehículo. Si aquella persona tenía su centro de operaciones en aquella avenida, con mucha seguridad habría dejado alguna señal que lo indicara. Si no ¿qué sentido hubiera tenido dejar aquel mensaje sobre las garrafas de agua en el supermercado?
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19 Junio 2010
Por Unx
La avenida del Pino Viejo, una calle de aceras estrechas y asfalto bacheado por efecto de las raíces de los árboles, situada en la zona alta del pueblo. De la misma manera que la zona residencial que Roberto había cruzado para llegar al mirador del parque del Garraf, donde había pernoctado la noche anterior, toda aquella zona estaba situada en la ladera de la pequeña ladera que coronaba aquel pino. Compuesta en su mayoría por casas de “alto standing”, con algo de suerte podías tener por vecino a algún famoso futbolista del Fútbol Club Barcelona.
Esa zona había proliferado de forma considerable en los últimos años y estaba compuesta casi exclusivamente por casas de varios pisos y bonitos jardines. Allí se mezclaban casas más antiguas, junto a otras de nueva construcción y diseño vanguardista. Por lo visto aquel o aquellos supervivientes no se lo habían montado nada mal. Una casa en esa zona no estaba al alcance de cualquiera y menos de Roberto, con su sueldo de becario.
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