28 Diciembre 2011
Por Unx
El hospital ya quedaba a su espalda. Roberto circulaba por una carretera paralela a la Gran vía. Desde ella, desviándose a la izquierda se podía cruzar por arriba esa importante arteria para ir en dirección al Hospital, como hubiera hecho otras tantas cientos de veces. La otra opción era continuar un poco más adelante y tomar un desvío a la derecha que llevaban al puerto de Barcelona y, por extensión, a la ronda litoral Tomó este último, mientras algunas horas secas se levantaban del asfalto a su paso.
Estaba seguro: Había visto muertos. Recordaba aquella sensación aunque ya era lejana, como de otra vida. “Bultos”. Bultos tirados sobre la calle, cuerpos sin vida a la entrada del hospital y a sus alrededores. Ahora esos bultos no eran más que osamentas roídas. La mayor parte de la humanidad, que él supiera, se había ido a dormir para no volver a levantarse jamás la fatídica noche del fin del mundo, hacía ya dos meses. No obstante, otros muchos sí se habían levantado, pero no de la manera que tenían previsto hacerlo, sino como jodidos autómatas lobotomizados. Zombis, como en aquellas películas que tanto le aterraban de pequeño. Y estos habían dado buena cuenta de los cuerpos, como si de un escuadrón de limpieza se tratase.
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28 Diciembre 2011
Por Unx
El centro comercial era la mismísima imagen de la desolación, un claro ejemplo de lo que era el fin del mundo. Totalmente abandonado, las naves que lo componían ocupaban una extensión de terreno descomunal con una zona de aparcamiento gigantesca, ahora totalmente vacía. Lo habían construido al margen de la autopista y el cartel de la gigantesca nave principal era de tal tamaño que se podía ver desde cualquier sitio, con sus imponentes letras rojas que superaban en altura a algunos edificios. De un lado al otro, el centro comercial bien podía alcanzar el kilómetro.
En total aquel centro comercial, pionero en la zona del Bajo Llobregat, se componía de cinco naves colocadas en forma de “L”. El brazo largo de dicha “L” estaba compuesto por la nave principal, rectangular y de mayor tamaño, donde Jaramillas se encontraba en ese momento. El resto de naves eran de forma cuadrada y se disponían consecutivamente hasta acabar la forma de la letra. Jaramillas sabía que Roberto ya había pasado por allí antes de que sus caminos se juntaran, él había saqueado el almacén deportivo que se encontraba en la otra punta.
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28 Diciembre 2011
Por Unx
Era extraño recordarlo, pero mientras conducía su scooter por aquella autovía Roberto no podía dejar de pensar en su primer día en el mundo de los muertos. Aquel era el mismo camino que había cogido cuando, tras ver que las cosas no estaban funcionando demasiado bien, decidió volverse a casa con su coche azul oscuro. La imagen era exactamente la misma, si bien, el viento había arrastrado escombros y hojas que ahora se agolpaban en la mediana que separaba los carriles de ida y de vuelta. Roberto, conduciendo a sesenta kilómetros por hora, las levantaba a su paso arremolinándose tras de él.
Su motocicleta era un punto insignificante dentro de aquella red de asfalto que serpenteaba en dirección a la capital. Más adelante, a pocos kilómetros, llegaría a una intersección de caminos, justo sobre el río Llobregat, donde debería tomar una dirección diferente y afrontar la famosa ronda litoral. En cuanto lo hiciera, su objetivo no se encontraría a más de veinte minutos. Eran extrañas las distancias en este nuevo mundo. Un día había tardado en recorrer el camino rural desde la casa del hombre muerto hasta la planicie en que se convertía el delta del Llobregat. Ahora, sobre aquel vehículo, recorrería una distancia más larga en un tiempo insignificante.
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03 Noviembre 2011
Por Unx
El día despuntó mientras un sol furioso se alzaba sobre el mar, como un carbón al rojo. Jaramillas fue el primero en despertarse y Albóndiga, al escuchar el movimiento, se animó a incorporarse también. Roberto fue el último en salir de la cama, había dormido bien, sorprendentemente bien, y se encontraba con fuerzas para afrontar su nueva aventura.
Nada más levantarse, Jaramillas comenzó a preparar una incursión a un supermercado cercano para aprovisionarse de unos cuantos víveres más con los que podría mantenerse allí un buen tiempo sin preocupaciones. No lo hubiera reconocido nunca, pero no le hacía la más mínima falta aquellas provisiones, no obstante era una excelente excusa para mantener la mente ocupada el día en el que volvería a la soledad. Roberto, a su vez, se puso con la mochila, para ver si podía aligerar un poco el peso.
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03 Noviembre 2011
Por Unx
Con sus cafés y sus cigarrillos, ambos miraron el mapa. Éste era un mapa turístico que indicaba los puntos de interés de la ciudad y abarcaba desde Hospitalet, la ciudad colindante por el sur, hasta pasado el río Besos, adentrándose en los terrenos de la otra gran ciudad, Badalona.
Jaramillas cogió un bolígrafo y marcó tres equis en el mapa. Una por cada una de las vías que se adentraban en la ciudad condal, como un corazón y sus arterias.
–Aquí tienes la gran vía, la ronda de dalt y la ronda litoral. –Le dijo su compañero menudo de ojos del color de la ceniza. –La ronda de dalt te llevará hacia la parte alta de la ciudad, allí podrías realizar unas maravillosas fotos panorámicas, pero no es lo que buscamos así que la vamos a descartar la primera. –Tachó enérgicamente la “X” que había marcado allí donde ésta se adentraba en la ciudad. –No creo que te interese ¿Verdad? Pues venga, una menos.
No había esperado respuesta alguna, como siempre. Las palabras de Jaramillas cuando se lanzaba a hablar sólo paraban ante otras palabras de Jaramillas.
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03 Noviembre 2011
Por Unx
En el lavabo Roberto se quedó mirándose al espejo durante un buen rato. Su pensamiento estaba en aquella risa, en aquellos muertos y en aquel jodido mundo que le había tocado vivir. Allí, mirándose en el sucio espejo del lavabo, Roberto tenía la impresión de estar aun metido en un sueño extraño y delirante. Una locura surgida de la peor de las pesadillas y de la cual era imposible despertar.
– “Pero me siento más vivo que nunca”. –Le decía una vocecilla y aquello lo inquietaba ¿Qué tipo de loco perturbado necesitaba de aquel escenario tan macabro para sentirse vivo? No sabía responder a aquella pregunta y pese a saber que al día siguiente debía marchar hacia lo desconocido, ningún atisbo de duda le incordiaba los pensamientos.
– “Yo no soy así”. –Decía la otra parte. –“Siempre he dudado en todo ¡Siempre he sido un indeciso! ¿Por qué ahora no puedo serlo? –Ahora quizás debiera. Si su ciudad, mucho más pequeña que la inmensa y cosmopolita Barcelona, se había convertido en un festival improvisado del mordisco, la gran ciudad sería como el Oktoberfest de los zombis. Salvando las diferencias, claro.
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03 Noviembre 2011
Por Unx
Para cuando terminó su intensa charla, ya estaba bien entrada la tarde. Aun no había empezado a oscurecer pero a Roberto se le antojaba que no debía de faltar demasiado. Desde que hablaron cada uno sobre sus cosas la relación entre los dos se enfrió, como si la despedida inminente se anticipara. Albóndiga hacía poco o ningún caso a la palpable tensión y dormitaba a ratos en cualquier rincón para luego pasar a la acción corriendo entre el desorden de la casa.
– “No quiere que me vaya. Cree que le voy a abandonar como han hecho los demás. Todos con la misma excusa”. –Roberto se sentía mal. Le había cogido cariño pese a su verborrea incesante y a sus bromas pesadas. Suponía que cuando no había muchas opciones, era fácil hacer amigos.
– “Por lo menos yo no voy a robarle nada”. –Era una manera de aliviar aquella pena que sentía.
Roberto intentó descansar y le pidió permiso para tumbarse en una de las camas que había en la casa. Se sentía cansado después de tanto hablar y escuchar y pensaba que dejar madurar toda aquella información con una siestecita le vendría bien. Jaramillas le indicó el cuarto y allí se tumbó. Durante un rato Albóndiga le hizo compañía tumbado a su lado. La cama olía a humedad, como si no se hubiera usado en años, pero era cómoda de la misma manera que el ambiente se mantenía en una calidez muy acogedora. Sin duda, Jaramillas había acertado con su chalecito, era todo lo acogedor que uno pudiera esperar. No obstante, pese a algunas cabezadas, Roberto no conseguía dormirse profundamente.
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03 Noviembre 2011
Por Unx
Sin duda, la parte del relato de Jaramillas que más interesó a Roberto fue lo del viejo y su móvil. Aquello era francamente inquietante. Puede que fuera una invención de su compañero, pero sin duda lo había vivido como algo traumático. Su cara mientras relataba la historia no mentía. Con teléfono o sin él, el tal Padre Ramón no era trigo limpio. Estaba intranquilo, con una sensación extraña que le costaba reconocer. Era algo así como… intriga.
“¿Qué te pasa Rober? ¿Acaso no sabes bien lo que estas sintiendo? Se llama curiosidad. Y no lo olvides nunca, porque mató al gato”.
Jodidos duendecillos. Tenían toda la razón. Aquello que sentía era malsana curiosidad y le estaba inquiriendo que necesitaba ver más. Que necesitaba acción. Roberto no comprendía el por qué de aquella necesidad, cuál había sido su transformación. De hombre asustadizo a inquieto aventurero. De esconderse en un trastero con el rabo entre las piernas y no tener valor ni de salir a cagar a arquero, guerrero, explorador, … ¿Qué le habían dado en la casa del hombre muerto que le había transformado de aquella manera?
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19 Septiembre 2011
Por Unx
“Al día siguiente volvió, de día, cuando el sol estaba en lo mas alto del cielo. Era un día algo nubloso y hacía fresco. Aquel hombre apareció vestido con un simple traje negro, sin más abrigo que una camisa y unos pantalones de pinza. Parecía un cura pero no llevaba esa cosa blanca que se ponen al cuello ¿Cómo coño se llama eso? No tengo ni idea, bueno tú ya sabes a qué me refiero colega. Tampoco importa demasiado.
Yo aquella noche no había podido pegar ojo. Estaba nervioso y no había manera de que se me pegaran los párpados. Como por arte de magia se me habían borrado de la cabeza los zombis y sólo había espacio para aquel hombre que apareció en la noche y su teléfono móvil, del que había salido aquella risa tan… inhumana.
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19 Septiembre 2011
Por Unx
“Todo ocurrió a pocos días de que los jodidos zombis dominaran el mundo. Yo aun no había salido del huerto de mi abuelo y estaba bastante desorientado, fumándome la poca marihuana que me quedaba así que cada noche acababa con un cebollazo importante en la cabeza. Por las noches tenía tanto miedo que dormía dentro del coche de la policía que ya tenía casi arreglado. Funcionaba perfectamente, salvo que se sobrecalentaba demasiado si estaba demasiado tiempo encendido porque el radiador estaba bien jodido, pero ya le había cambiado los faros y tenía el depósito más o menos lleno, para escapar en caso que esos malditos muertos vivientes me atacaran por la noche.
Poco a poco le he ido perdiendo el miedo a que los zombis lleguen hasta aquí, por lo visto está muy lejos para ellos o tiene demasiadas pocas cosas interesantes como para esforzarse en llegar ¿Quién sabe? La cuestión es que en aquellos momentos tenía tanto miedo que dormía dentro del coche esperando que se produjera un ataque, con las dos pistolas que le había confiscado a los polis muertos en la cintura y suficientes balas para quedarme a gusto pegando tiros. Preparado para darme a la fuga a la mínima.
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