Prólogo

Salvo en escasas ocasiones, las películas o las novelas en las que los muertos vivientes caminan sobre la tierra, no pueden evitar dar explicaciones del por qué del levantamiento de estos seres. Siempre hay algún motivo, o si no es siempre, casi siempre. Inicialmente el muerto viviente volvía a levantarse por motivos religiosos. “Los hombres hemos sido malos y Dios nos ha castigado” o el más reconocible “cuando el infierno se llena, los muertos vuelven a caminar sobre la tierra”. En una sociedad más creyente, es como leña para avivar el fuego del catastrofismo tan típico de los cristianos. Venganza divina, purgar los pecados. Así que corre, corre a la iglesia a encontrarte con Dios y que te perdone por mirarle los pechos a la vecina.
Con el paso de los años nuestra sociedad perdió en religiosidad y ganó en ciencia. Con lo que los antiguos miedos debían de ser sustituidos por otros nuevos. Enfermedades como SIDA, malaria o gripes de todo tipo nos hicieron ver que unos bichitos insignificantes nos podían mandar a la tumba rápido y que gracias a un mundo cada vez más global, las infecciones llegaban a todas partes en un tiempo mínimo. Perfecto para volver a avivar la llamita del terror en los más agoreros. Pasada la década de los noventa, el zombi era un enfermo. Un enfermo con mucha hambre.

Estas han sido las modas. El malo ha sido Dios, o Satanás, o el hombre por pecador, o un virus, o una bacteria, o un científico loco, o Satanás en el cuerpo de un científico loco. Pero la raíz del problema que yo quiero plantear es: Tú, como persona de a pie sin conocimientos técnicos en la materia del cómo transformar humanos en monstruos desfigurados y voraces, ¿te enterarías del porqué está pasando todo esto?

¿Cómo van a ser sus siguientes días, semanas, meses y con suerte años de vida en un mundo en el que parece que han apagado el interruptor de la vida?

Pues bien, supongo que esta historia va de esto. Roberto es una persona normal y corriente, posiblemente me identifique con él, aunque claramente es un personaje de ficción. No es un héroe, no tiene las cosas claras, se deja llevar por el terror y el miedo y se equivoca más veces de las que acierta cuando está en una situación nueva. Huyendo del tópico del científico sabelotodo, que encuentra el por qué y que incluso flirtea con encontrar una cura, o del religioso visionario en pos del mensaje del Señor para volver a la senda de su rebaño, para nuestro personaje no hay solución posible salvo adaptarse. Ahora, de la noche a la mañana y nunca mejor dicho, él tiene que incorporarse y plantearse cómo van a ser sus siguientes días, semanas, meses y con suerte años de vida en un mundo en el que parece que han apagado el interruptor de la vida. No hay respuestas para las preguntas que Roberto se pueda formular. Nadie se las va a dar y en el caso de que encontrara a alguien ¿sabría dárselas? Los que crean en Dios pensarán en su ira infinita. Los que crean en la ciencia pensaran que la codicia humana ha creado un arma mortal. La cuestión es que no hay respuestas. Ni para él, ni para ti, ni para mí. No por ahora. Solo carreteras vacías, cielos sin aviones, trenes sin pasajeros y gente que no habla sino muerde.

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Un comentario en "Prólogo"

  1. Luis
    28/04/2011 at 18:07 Permalink

    Hola! soy un ávido lector de libros de zombis (o infectados) y desde hace varios días estoy leyendo tu historia. Es buena, el personaje parece incluso real. Yo llevo escribiendo una desde el año pasado y me quedan pocos capítulos para terminar. Así que ánimo!

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