Tras haber apagado la colilla del cigarro en el suelo del cuarto trastero, Roberto se centró en sus pensamientos. Pensaba en las personas que habían quedado fuera de su improvisado refugio. Roberto tenía familia y también amigos y a no ser que se hubieran encerrado o cualquier otra cosa parecida, ahora mismo podrían haber sido devorados como había ocurrido en el hospital. También pensaba en aquel médico, con su bata blanca, que cruzó la puerta de entrada del hospital y empezó a comerse al conductor de la ambulancia que estaba tirado en el suelo, adoptando la forma de un “bulto”. Pensaba en como escondía su cabeza detrás del cuerpo y como volvía a levantar la cabeza, manchada cada vez más de roja sangre. También pensó en como, poco a poco, el otro bulto empezó a levantarse, reuniéndose alrededor de aquel bulto que se había convertido, de forma improvisada, en un festín para aquellas pálidas aberraciones. Recordaba como aquellos dos degenerados retiraban la piel para llegar hasta las vísceras, estiraban sus intestinos y hurgaban con sus manos dentro de la caja torácica del cadáver. No vio con tanto detalle la escena, no estaba tan cerca, más bien se lo imaginó. Y eso resultaba aun peor. No obstante, eso fue suficiente repulsivo para hacerle levantar el culo del suelo y correr. Sino posiblemente se hubiera vomitado encima. Vomitó metros atrás, cuando ya no estaba a la vista de aquella terrible escena.
Aquel recuerdo le puso nervioso. También recordó que si hubiera cogido el teléfono móvil en vez del tabaco, por lo menos podría haber intentado llamar a su madre, o a sus amigos e interesarse por ellos. Podría saber donde estaban ahora, qué hacían o quizá podrían ayudarle. La idea de que un médico caníbal pudiera estar realizando un festival cárnico con sus más allegados le revolvía el estómago, aunque en esos momentos no debía tener demasiadas cosas dentro. La sensación de impotencia le llevó a buscar entre las cosas que tenía guardadas en ese sucio y descuidado cuarto trastero. Buscaba algo que tenía guardado desde hacía un tiempo. Su objetivo: una botella de Whisky. Sabía que estaba por allí, al igual que algunas maletas, cajas de ropa y algunos víveres con los que no contaba pero que allí estaban. Se permitió el lujo de encender la luz unos segundos y rápidamente localizó la botella de Jack Daniels, junto a otras de vino que difícilmente podría abrir, algunos botes de garbanzos y otras legumbres y alguna fruta en conserva, más que probablemente de algún lote navideño.
Apagó la luz rápidamente, con la intención de no haber sido descubierto por alguno de los salvajes que parecían campar a sus anchas por los alrededores. Temía que alguno de ellos viera la luz, acudiera alertado y gritara algún tipo de gruñido-consigna que hiciera venir a otros, le sitiaran en el trastero y acabara como había visto acabar a otras personas. Con el vientre desparramado y las articulaciones roídas.
Sin embargo eso no pasó. Tras apagar la luz y volverse a acurrucar en el mismo lugar de antes abrazando como un enamorado la botella de whisky, esperó unos segundos intentando agudizar su oído para poder escuchar algo allí fuera. Ninguna novedad en el frente. Todo mantenía un tono excesivamente tranquilo, así que se permitió el lujo de abrir la botella y darle un largo trago que le provocó una arcada. Esparció al aire la mitad del líquido en un tosco estornudo. Repitió la misma operación con algo más de mesura, tragando de nuevo, ahora de forma más efectiva. Buscó en los bolsillos y se encendió otro pitillo. “Vas demasiado rápido, ya solo te quedan cuatro cerillas” le dijo una voz. Roberto no le hizo demasiado caso, pero lo tuvo en cuenta. Por desgracia tenía razón. Bebió durante un rato. Un buen rato. Hasta embriagarse como hacía tiempo que no hacía. Poco después de llevar algo menos de tres cuartos del whisky que contenía la botella se quedó dormido. Deberían de ser las seis y media de la tarde cuando Roberto se quedó dormido. A los quince minutos roncaba de forma tan escandalosa que cualquiera le hubiera podido encontrar. Por suerte para él, no ocurrió.
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24/11/2009 at 20:23 Permalink
Bueno bueno…se pone interesante!! me tengo que ir pero mañana seguire por este apartado, doy la enhorabuena al/los escritores de este blog. Un saludo!!.