Zombis, pensó. “Son muertos vivientes, joder” se dijo para sus adentros. Roberto había visto muchas películas sobre esos seres. Incluso había leído algún libro. De repente estaba imaginándose asaltando un supermercado, cogiendo víveres para saciar sus necesidades y confiscando tremendas y potentísimas armas de fuego con las que afrontaría multitudes de hombres y mujeres, blancos de piel y completamente atacados por ponzoñosas mordeduras y violentos arañazos, con la piel mapeada de un color infecto y enfermizo, desplazándose de forma lenta y anárquica. Como monigotes sin rumbo. Se imaginaba cargando violentamente una escopeta de cartuchos, con su característico sonido. Se veía descargando plomo y metralla, tumbándolos, esparciendo piel, músculo y hueso, manchándose la cara de sangre vaporizada mientras en su mirada ninguna expresión se podía identificar.
Sin embargo, estaba en Barcelona. Su imaginación tocó con los pies en el suelo no sin que Roberto se sintiera, en cierto punto, frustrado. Aquello no era como las películas. En el supermercado no encontraría nada más mortal que un lomo de merluza congelado. Con dificultad conseguiría un fusil de aire comprimido en alguna tienda especializada con el que espantar palomas, como hacía de pequeño con algún amigo en el patio interior de atrás de casa de su abuela. Tendría que barajar otras opciones y ahora demasiada adrenalina corría por su cuerpo como para planificar algo de forma correcta. Postergó su plan de acción. Por el momento se conformaba por sobrevivir un rato más. Su imaginería estilo George A. Romero tendría que esperar.
Sigue leyendo » Episodio VIII;
No hay comentarios en "Episodio VII"