Episodio IX

Sus ojos estaban rojos y húmedos, pero aun no había derramado lágrima alguna desde que se despertara días atrás, siendo posiblemente, el único hombre sobre kilómetros a la redonda. Notaba el miedo y a la vez la tentación de aquel que se asoma una vez a un barranco, quedando sobrepasado por la inmensidad y que aun así, no puede evitar el volver a mirar una vez más.

Una vez más. Pues no podía ser verdad aquello que creía haber visto segundos atrás. Giró de nuevo el pomo, empujó lentamente la puerta y antes de que pudiera vislumbrar sombra alguna, la puerta topó contra algún objeto que no debía estar a más de un metro de distancia del dintel de la puerta. Roberto se sobresaltó de nuevo, saltando hacia atrás con brusquedad y haciendo chocar la madera contra los topes de la puerta. El estruendo de la puerta al cerrarse violentamente dejó la mente de Roberto totalmente en blanco. Sus manos agarraban ahora el palo de la escoba y el cuchillo exclusivamente. El pomo había sido liberado del agarre y Roberto estaba situado ahora a dos pasos de la puerta. Un leve sonido empezó a percibirse, subiendo de intensidad con rapidez. Sin dudas, Roberto lo comprendió rápido. Unas manos arañaban la puerta. No había duda sobre a quién pertenecían esas manos. Si esas manos encontraban el pomo y lo accionaban, Roberto seguramente quedaría paralizado y condenado al igual que los restos de su padre.

Sin embargo, eso no ocurrió. Las manos de aquel ser que antes fue su madre no encontraron el pomo y tras unos segundos de agoniosos golpes sobre la puerta, éstos cesaron sin más. Roberto no perdió más tiempo. No sabía muy bien lo que iba a empezar a hacer, pero sí sentía una extraña necesidad de venganza. El miedo había dado paso a la ira. Roberto estaba furioso. Sus músculos estaban tensos y tenía ganas de golpear sus puños contra algún objeto. Roberto necesitaba venganza, pero ¿contra qué? ¿su madre? No lo expresaba en palabras pero mientras salía del piso de sus padres con paso ligero, Roberto negaba con la cabeza. No se vengaría contra su madre, porque ella ya estaba muerta. Cuando empezó a bajar las escaleras que le devolverían al patio central del edificio, Roberto comprendió hacia donde se dirigía automáticamente su cuerpo. Cuando cruzó el portal de su bloque y se encontró en ese mismo patio el plan ya estaba urdido. Sus padres no recibirían sepultura. No habría tumba para ellos. Serían purificados: El fuego daría cuenta de ellos.

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3 comentarios en "Episodio IX"

  1. DAV
    25/11/2009 at 15:47 Permalink

    RO-BER-TO!!!! RO-BER-TOOOO!!!! ROOO-BER-TOOO!!!!

  2. Juanky
    24/03/2011 at 1:59 Permalink

    Jooooooooooder……….. pensé que me iba a dar algooooo !!!!!!!!!

  3. marta
    13/07/2011 at 7:49 Permalink

    Vaaaaamooosss!!!!!

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