La duda. Mal aliado y peor amigo ¿Había hecho bien Roberto? ¿No había sido demasiado precipitado al meterle fuego al piso de sus padres? ¿Acaso había pensado que podría acabar achicharrando una manzana entera? Tras formularse diversas preguntas de este estilo, Roberto intentó recordar cómo había pasado todo aquello, intentando comprender el por qué. Pero todo lo que llegaba a la conciencia eran imágenes poco claras, como borrosas, en las que veía a esa criatura, acurrucada en la esquina de la habitación, manchada de sangre seca por todo su cuerpo, imágenes de su madre en cualquier otro momento y luego imágenes de aquel ser de pie, detrás de la puerta, esperando, con la boca abierta, los ojos en blanco y sin expresión alguna. Roberto era incapaz de recordar con claridad cómo había acabado lanzando una botella llena de gasolina dentro del piso donde tantos años había vivido. Imágenes reales y otras inventadas por una mente traumatizada se mezclaban. Sabía que lo había hecho, hasta hace unos minutos se jactaba de ello, de su venganza, pero no podía reconstruir los hechos. Su venganza ¿Venganza contra eso? “Eso” ¿Su madre?
El piso ardía con ganas. Las llamas que salían del lavabo, en la puerta del cual se había iniciado el incendio, eran ya grandes y la columna de humo descomunal. Detrás del humo, se veía la pared de fuera, manchada de negro en gran parte de su extensión. De tanto en tanto, algún cristal reventaba sumándose al ligero crepitar que se podía percibir. Los bomberos no acudirían. El fuego ardería hasta saciarse y era imposible saber cuándo ocurriría con los conocimientos que tenía Roberto. Seguramente el salón ya estaría ardiendo también, y si el salón ardía con la misma virulencia, seguramente acabaría ardiendo también la escalera, comunicando así el fuego con el resto de puertas vecinas. Todas ellas de madera, dispuestas a arder con ganas.
Pero Roberto no pensaba en esto. No ahora. Estaba paralizado, subido en el murete del edificio de enfrente. Pensando en Eso-Madre, aquel ser tan extraño que antes había sido su madre, que primero había querido a su padre y que luego se lo había comido, durante días, como el que se guarda trozos de su golosina preferida para poder disfrutarla durante más tiempo. Y así hubiera seguido, si Roberto no hubiera intervenido. Roberto tomó conciencia de lo que había hecho. Había prendido fuego a sus padres, no solo a ellos, sino a todos sus recuerdos de antaño, pues había crecido en ese piso que ahora se consumía en llamas, y lo había hecho lleno de cólera y vengativo. Como el que acaba con ratas o cucarachas. No había intentado recuperar una foto, un recuerdo de ellos, de su pasado. Nada de eso. Simplemente había entrado un paso en el recibidor y, con rabia, había lanzado una bomba dentro. Luego corrió y corrió para ponerse a cubierto y lo celebró como un héroe solitario, fumándose unos cigarrillos. ¿Acaso tenía una foto de sus padres en su piso? No ¿acaso algún recuerdo especial? No. Todo, salvo las cortinas de su piso, estaba allí dentro. Ardiendo. Unas cortinas era lo único que conservaba de su familia. Las cortinas que le había hecho su madre.
No le dio tiempo a pensar mucho más en lo ocurrido. El piso ardía mientras la bombona que contenía la estufa de butano se calentaba. Roberto no había caído en eso. La estufa de butano, un aparato bastante vetusto compuesto por un cubo de metal con ruedas y un panel que se calentaba gracias a una llamita azulada. Un aparato que dentro contenía una bombona de treinta o cuarenta litros de butano ¿Quién sabe? Una bomba en potencia. Sus padres la habían cambiado hacía pocos días y se encontraba bastante llena del volátil gas. Seguramente, en la terraza tendrían otra, de repuesto. Aquello iba a explotar y Roberto ya no necesitaría la presencia de los bomberos.
Sigue leyendo » Episodio XIV;
24/03/2011 at 2:11 Permalink
Hombre Roberto… un recuerdo, una foto, algo… Espero que al menos llores a tus padres….