Episodio IV

Consiguió volver a respirar, pero sólo cuando notó que el corazón se le iba a salir del pecho. Se obligó a hacerlo lenta y pausadamente. Aquella espera se estaba volviendo horrorosa, y solo habían pasado unos segundos. Aquella cosa tenía que cruzar la puerta ya, o Roberto caería fulminado por un infarto. En un intento por precipitar la situación Roberto separó el dedo del disparador y dio un paso al frente, alargó los brazos y golpeó la puerta entreabierta con la punta de los dos cañones haciendo un ruido seco y sordo. Acto seguido un siseo ronco y perturbador emergió de la oscuridad. El sonido de una bestia infernal, de un ser aterrador y gigantesco. Saltó de nuevo atrás colocándose en posición y se preparó para lo que pudiera pasar.

Roberto había dejado la chaqueta dentro de la casa, sobre el sofá, no obstante notaba como todo su cuerpo ardía. El sudor de su frente se fundía en sus cejas negras. Rezó por que no le entrara en los ojos.

El siseo se volvió a hacer audible por un segundo. Sonaba a flemas y mocos. Como un jabalí gigante y constipado durmiendo. “Has despertado a la bestia” resonó una vocecilla en su cabeza, “¿qué vas a hacer ahora, listillo?” dijo con desprecio. A Roberto le dieron ganas de dispararse a él mismo en la cabeza sólo para aplacar aquella despreciable vocecilla y por un momento entendió aun mejor al hombre que yacía muerto dentro de la casa.

Lo que pasó un segundo después tomó por sorpresa a Roberto. Algo cruzó la puerta durante el instante en que Roberto barajaba la opción de meterse los cañones en la boca y hacer callar a aquella voz. Roberto sólo pudo ver una larga cabellera rubia y clara, desmarañada sobre unos pequeños hombros a una altura que no se alzaba más de metro y medio sobre el suelo. Como en un acto reflejo el cañón de la escopeta bajó hasta situarse a la altura de la dorada melena y todos los dedos de su mano derecha se cerraron en conjunto apretando la madera de la empuñadura y el gatillo a la vez. Los cañones paralelos, situados a escasos centímetros de la pequeña cabeza restallaron con una violencia estremecedora, quemando pelo y carne por igual. La pequeña cabecita explotó en una nube de carne hueso y sangre coagulada, como si de una sandía podrida se tratara.

Roberto contempló la escena con una sensación de irrealidad que para nada le parecía nueva. La detonación le había despertado de un extraño sueño y tenía la impresión de que él acabada de aparecer allí como por arte de magia, solo que tenía una escopeta humeante entre las manos. Por un segundo, mientras el cuerpecillo se desplomaba en el suelo aun sin haber cruzado por completo la puerta de la caseta, se intentó convencer de que él no había apretado el gatillo ¿acaso no había sido aquella vocecilla la que había tomando control de su cuerpo?

Contempló el cuerpo que acababa de caer de bruces contra el suelo, era un cuerpo menudo, vestido con un pijama rosa claro que había quedado chamuscado por la pólvora a la altura del cuello. El cuerpo era el de una niña de unos diez años y pese a que su cabeza no era más que un amasijo de sangre negra y carne quemada Roberto sabía que cara tenía, pues era la cara de su madre. Lo había visto en las fotos. De nuevo, volvió a tener la sensación de estar en un capitulo de CSI, delante de un pelele de silicona muy, muy bien realizado.

Sigue leyendo » Episodio V;

3 comentarios en "Episodio IV"

  1. DAV
    21/07/2010 at 12:03 Permalink

    Muy bien hecho!!! que pena lo del hombre ese… pero roberto no tiene la culpa! y lo de la muchacha… ains, que bien le vendria una femina para llevar mejor la soledad! aunque la violacion de un zombi es algo chungo. XD

  2. el_ilegal
    22/07/2010 at 0:05 Permalink

    roberto se está haciendo un hombrecito en muy poco tiempo…..de estar acojonado metido en el garaje a ser todo un mata zombies!!!!

  3. Unx
    22/07/2010 at 13:00 Permalink

    Hombre hay que darle cierto ritmo a la cosa que sino ni chicha ni limoná! Creo que lo que viene ahora puede estar bien.

    Saludos fieles lectores

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