En sus sueños, Roberto se encontraba pintando con spray la dirección de la casa en la fachada de la iglesia de su ciudad. Cuando se giraba encontraba a sus espaldas una horda de no-muertos tan quietos que parecían helados, abarrotando lo que en otros tiempos había sido una plaza llena de niños jugando con la pelota y terrazas de bares donde se tomaban cientos de cafés al día. No obstante, en sus sueños no había amistad, ni niños correteantes, ni humeantes y olorosos cafés. Sólo muerte, podredumbre y hedor a descomposición.
En ese momento, con la espalda apoyada en la pintura aun fresca del spray, era como si Roberto los pudiera inspeccionar con un microscopio. Detalle a detalle, como si el tiempo se hubiera parado. Todos estaban andrajosos, con las ropas teñidas de un color terroso, acartonadas por el efecto de los fluidos putrefactos al secarse. Algunos iban vestidos de calle, otros simplemente en pijama y los menos con bastante poca ropa. Esos últimos eran los peores púes su desnudez mostraba llagas y heridas abiertas, negras y supurantes, de las que surgían unos gusanos tan blancos como la propia piel de los muertos. Sobre sus cabezas, una nube de moscas alborotadas revoloteaban sin miedo, posándose en las heridas, introduciéndose en las bocas descolgadas, caminando por los ojos de ese blanco amarillento tan repugnante. Había hombres, mujeres y niños por igual y su postura también era la misma. Los brazos colgaban, los hombros estaban caídos y la cabeza ladeaba hacia un lado u otro indistintamente mientras las piernas permanecían torcidas y flexionadas.
Roberto, desesperado, miraba de lado a lado pero los muertos le rodeaban hasta tal punto que chocaban contra la fachada de la iglesia a ambos lados creando un semicírculo en torno a él. Desde su posición, subido a un pequeño escalón de piedra gris, veía que la alfombra de muertos se extendía hasta donde su vista alcanzaba. No tenía escapatoria posible.
Intentaba gritar, pero el aire no salía de sus pulmones. Intentaba aporrear la puerta, pero sus brazos eran rígidos como la piedra. Estaba paralizado, del mismo modo que paralizados también estaban los muertos que tenía enfrente. Sólo las moscas se habían decidido a moverse, zumbando con tal fuerza que Roberto creía que se le iba a licuar el cerebro. Notaba los músculos inflarse y tirar, como si intentaran doblar una viga de hierro en vano mientras el sudor le recorría el cuerpo por el miedo y el esfuerzo. Poco a poco, al zumbido de las moscas se le iba sumando un quejido, y otro, y luego otro. Las voces quejumbrosas se sumaban una tras otras de forma desganada hasta ocultar a las moscas mientras las bocas que aun permanecían cerradas se descolgaban finalmente para unirse a las de sus compañeros muertos en un coro retumbante.
Cuando Roberto se daba cuenta, sus manos tapaban sus oídos y sus parpados permanecían cerrados en torno a sus ojos con fuerza. Entonces tomaba conciencia de que su parálisis se había esfumado y corría a girarse para aporrear la puerta de la iglesia con la esperanza de que alguien abriera el portón de madera y le ofreciera cobijo dentro del santuario. Sin embargo, cuando por fin conseguía girarse se daba de bruces con el mensaje que había escrito en el portón. “Aquí yace Roberto” rezaba el mensaje y no estaba escrito con spray sino con sangre, sangre vieja y negra, que brotaba del hueco dejado por las uñas de sus manos. Manos blancas y piel blanca.
En ese momento Roberto comenzaba a golpear la puerta con todas sus fuerzas mientras el coro de voces aullaba su lamento al cielo. Entonces una voz lejana surgía de la vieja y mil veces barnizada madera de la puerta: “No puedes entrar aquí. Ya estás muerto, amigo. ¿Entiendes? Ya estás muerto”.
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04/10/2010 at 17:10 Permalink
hola!! gracias por los nuevos capítulos. me encanta la historia, pero si me permites te hago un comentario. en poco tiempo ya nos has contado con pelos y señales los sueños de roberto; la verdad es que está genial redactado, pero corres el peligro de caer en la monotonía. es un poco repetitivo.
bueno, solo es mi punto de vista……por lo demás te animo a seguir escribiendo, porque la historia promete.
gracias!!!
05/10/2010 at 1:24 Permalink
oye!, no te lo tomes a mal, solo es una crítica constructiva, eh!!!
y sigue poniendo capítulos, que esto es un sin vivir
05/10/2010 at 9:23 Permalink
Dónde esta el botón para vetar a este insensato!!??
No hombre no! que es broma! gracias por vuestra opinión, se agradecen los comentarios críticos. Cuesta serlo con uno mismo.
Saludos!!
05/10/2010 at 15:54 Permalink
Creo que el tema de que se vayan agrupando en ciertos puntos esta muy bien y lo de los sueños es normal, ya que el tema conversación de momento lo tiene muy limitado a no ser que termine con unas cuantas personalidades… Pero si que es verdad que se repite un poco. Aunque debe ser las ganas que tenemos de leer y de que se lie la cosa que si fuese en formato papel serian las hojas que nos dan ganas de saltarnos!