Episodio III

El zombi vagaba por el asfalto de la calle, deambulando en lo que, con algo de imaginación, parecerían círculos. Por momentos se paraba, permanecía así varios minutos y luego reanudaba la lenta marcha. Caminaba descalzo y arrastrando los pies, vestido únicamente con unos pantalones de pijama del color más desagradable que pudiera existir. Su pecho estaba descubierto, dejando ver como la piel se pegaba a los huesos de sus espaldas y bajo las costillas marcadas se le inflaba una panza desproporcionada pese a que en vida aquella persona debía de haber sido delgada. A Roberto le pareció que ésta debía de estar llena de carne aun más muerta, que quizá jamás se llegara a digerir.

Su aspecto era el de un ser fantasmal, como de otro tiempo, que caminaba ajeno a cualquier cosa, fuera de cualquier contexto. Sus ojos miraban al suelo, sin levantarse, con los marcados pómulos sobresaliendo del rostro y los labios morados, secos y retraídos, mostrando la dentadura en una mueca rígida. En ningún caso el muerto se dignaba a dirigir sus turbios ojos en dirección a Roberto, que se había subido sobre las tejas marrón rojizas del porche de la entrada con su arco y un puñado de flechas esperando para ser encendidas. Se había subido allí por la misma ventana de la que había colgado su cartel de bienvenida y pese a la inclinación de las tejas, peligrosa en un descuido, Roberto tenía allí asegurada una posición de tiro elevada por encima del muro de la entrada y perfecta para lanzar con su arco a sus molestos intrusos. Quizá fuera momento de practicar con blancos en movimiento.

Roberto entrecerró los ojos e intuyó que entre él y su objetivo habría unos veinte metros, cogió una flecha normal, una castigada por el uso y de punta ya mellada, la aseguró en la cuerda y se la llevó a la oreja tensándola con fuerza. El no-muerto parecía no inmutarse de sus intenciones y continuaba arrastrándose por la acera de enfrente de la casa. Estaba cerca de la pequeña acera contraria así que Roberto podía verlo por completo, sin esperar un segundo más, adelantó la punta de la flecha intuyendo la trayectoria de su objetivo y soltó la cuerda. La flecha voló y se fue a clavar por encima de la clavícula de aquel zombi que, sin parecer notarlo, continuó como si nada. Ni una mueca reflejada en el rostro, ni un ademán de queja o dolor.

Roberto no pudo disimular su decepción. Había sido un tiro de prueba, para asegurar el siguiente disparo. Pero había acertado y aun así, aquella cosa seguía con su triste paseo ahora con un adorno en forma de flecha nacida cerca de la base de su cuello. Se hubiera conformado con un gesto de dolor, con una reacción de sorpresa, con una respuesta más… humana. Pero no. No había ni humanidad ni debilidad en aquello. Empezaba a sentir una mezcla de miedo y rabia.

Cogió otra flecha sin darse tiempo a pensar, ésta preparada para arder, e impregnó el trozo de trapo atado a la punta con su viscosa mezcla incendiaria que había subido en una botella de plástico. La dejó a una distancia prudencial y encendió la tela con el mechero. Tenía suficientes segundos para asegurar su tiro hasta que la fibra se reblandeciera por el calor y la flecha quedara inservible así que la colocó con cuidado en la cuerda, volvió a llevársela hasta la oreja sin prisa y buscó su objetivo mirando más allá de la llama naranja que tenía a menos de medio metro de su cara. El olor a gasolina lo inundaba todo.

La flecha fue a parar a la entrepierna de aquella cosa. Lo que hubiera sido una herida terriblemente dolorosa para un ser humano corriente, no causó alarma alguna en el no-muerto. No obstante, con la misma facilidad que la flecha se clavó en la piel, los mohosos pantalones empezaron a arder y con ellos pronto la reseca y rota piel blanca empezó a chamuscarse también. El “Napalm Roberto&Co” había resultado muy efectivo y la única prenda del no-muerto ardía en tan solo unos segundos con gran vivacidad, haciendo ascender las llamas con rapidez hasta prácticamente el cuello de aquella cosa. La piel blanca se estaba empezando a ennegrecer mientras las llamas consumían la tela y la carne, desprendiendo una ligera humareda que ahumaba la cabeza del zombi y se alzaba hacia los cielos. El muerto continuaba andando mientras el humo se iba haciendo más y más denso y las llamas le iban comiendo el torso sin piedad hasta que finalmente, como cegado por la humareda que le tapaba la visión o por cualquier otro oscuro motivo, el no-muerto se detuvo pasando a convertirse en una especie de antorcha. Para cuando la escasa y corta pelambre del no-muerto empezó a consumirse bajo el calor que subía de las llamas, una tercera flecha, lanzada con todas las fuerzas que tenía, penetró por encima de la mandíbula del no-muerto. La antropomorfa antorcha se tambaleó dando torpes pasos para intentar mantener el equilibrio mientras el rostro comenzaba a arder desdibujando cualquier rasgo humano que aquella cosa hubiera podido tener. Segundos después, el no-muerto cayó de bruces en el suelo y ya no se volvió a mover.

Roberto permaneció sobre las tejas, en cuclillas, amparado por la agradable calidez del sol del medio día y contemplando cómo se consumía el cuerpo bajo el naranja de las llamas, que parecían no querer extinguirse nunca, hasta que una ligera brisa le hizo llegar el olor de carne humana al achicharrarse. Dulce y penetrante. Sin poder controlarlo, se le contrajo el estómago y lanzó la fabada más allá del porche en un chorro de vómito que alcanzó el césped de la entrada de la casa, ya muy crecido y plagado de malas hierbas.

Sigue leyendo » Episodio IV;

5 comentarios en "Episodio III"

  1. Dav
    15/10/2010 at 17:43 Permalink

    hace nada por mi cumpleaños un colega me ha regalado “la guia de supervivencia zombi” me parto!!! es buenisima!
    Roberto lo esta haciendo muy bien!! (segun la guia, que yo todavia no he matado ningun zombi…)

    un saludo!

  2. z33k
    15/10/2010 at 17:59 Permalink

    Tambien me quiero hacer de esa guia, me han comentado que es muy buena.

    Por otro lado va buenisima la historia, haciendo arder a los no-muertos jejeje.

    Saludos

  3. Pep
    17/10/2010 at 17:24 Permalink

    ¡Ojo Roberto! has necesitado tres flechas para aniquilar a ese pellejo. Y tienes unas doscientas flechas más. Ahora tendrás que patentar “Flechas Caseras Roberto&co” o te papearan.

    Un saludo

  4. Unx
    21/10/2010 at 10:46 Permalink

    Hombre Roberto no se la ha leído, pero el autor sí. La guía de supervivencia zombi es un libro de referencia que hay que tener siempre cerca. Por si las moscas.

  5. Buceante
    26/10/2010 at 17:28 Permalink

    Ueeee empieza el festival!!

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