El baño había sido increíblemente reconfortante. El agua caliente le había destensado los músculos, agarrotados por efecto de golpes y tensión, y parecía como si todo le doliera un poco menos. Cuando por fin se decidió a salir de la bañera, Roberto lanzó la ropa que llevó puesta por semanas al agua y la frotó con jabón. La ropa olía igual o peor que él y estaba tan sucia que no se atrevía a ponérsela después de su sesión de aseo personal. “Igual debería prenderle fuego a estos harapos, dudo que vuelvan a oler dignamente algún día” se dijo, aunque finalmente acabó limpiando la ropa.
Colgó la ropa mojada a la intemperie, se cortó los moluscos que tenía por uñas en los pies y se cambió de ropa interior. Después de eso Roberto sintió apetito por primera vez en varios días y, aprovechando las brasas que aun quedaban en la barbacoa, calentó una lata de arroz con albóndigas que devoró con avidez pese a notar las molestias de las heridas de la lengua. Incluso avivó el fuego una vez más para preparar una cafetera de amargo café. Cuando Roberto terminó de comer, se sentía repleto de energías, incluso optimista.
Pero tarde o temprano tendría que volver a la realidad. Y la realidad estaba llena de cadáveres, de los que caminaban y de los que no también. La realidad era una puerta llena de huesos y carne quemada, justo como la que le esperaba a él al otro lado de la casa. La entrada, el campo de batalla. Tenía que volver de un momento a otro y cuando lo hiciera, el optimismo se esfumaría con la misma velocidad con la que había llegado.
La calle se encontraba de nuevo repleta de muertos. En cuando le vieron, los zombis que había repartidos por la calle se pararon y le miraron. Segundos después empezaron a caminar en dirección a la puerta, gimiendo y levantando los brazos en dirección a Roberto. Le había costado toda la noche anterior acabar con la gran mayoría de aquellas cosas y ahora volvía a estar rebosante de aquellos muertos. ¿De qué había servido todo el esfuerzo de la noche anterior si en menos de un día la situación volvía a ser la misma? Roberto volvió dentro de la casa y se dispuso a continuar con la limpieza. Desde el segundo piso se encaramó a la ventana y dispuso el arco y las flechas incendiarias para comenzar de nuevo donde lo había dejado la noche anterior.
Los zombis se aproximaban a la puerta lenta y pesadamente, pasando por encima de la carne quemada y los huesos de los que lo habían intentado la noche anterior. Algunos incluso trastabillaban al pisar los restos mientras su quejumbroso lamento empezaba de nuevo a resonar en la Avenida del Pino Viejo. Durante horas Roberto estuvo disparando las flechas calmadamente, apuntando y asegurándose de que, por cada flecha que disparaba desde la ventana, uno de aquellos zombis recibía el abrazo de las llamas. En total Roberto contó trece zombis acertados. Sin embargo, por cada uno que acertaba, tres llegaban a la puerta y volvían a repetir la escena vivida la noche anterior. Notaban su presencia y se acercaban a la puerta, primero unos pocos, pero el número crecía mientras Roberto intentaba acertar con sus flechas a los que se acercaban desde atrás para que las llamas se contagiaran de uno a otro, como una molesta gripe. “Me huelen, huelen el jabón. Maldita sea, no me tendría que haber duchado”.
Y ardían. Pero no lo suficiente. Cuando la tarde cayó y la noche empezó a oscurecer el cielo, la puerta estaba otra vez sitiada por una treintena de zombis cuyas llamas, esta vez, parecían no tener la misma efectividad. Sin duda, muchos de ellos estaban ardiendo y las llamas se extendían de unos a otros, pero se limitaban a las filas traseras. “Es porque son muchos más que anoche bobo, ¿o no te das cuenta ni de eso?”
Un zombi caía pasto de las llamas pero otros le tomaban el testigo y llegaban hasta la nueva melee. Finalmente Roberto se decidió por dejar pasar un rato el tiempo, ver qué hacía el fuego y no malgastar más flechas. Había cerrado la ventana para ocultarse tras las cortinas y observar el devenir de los acontecimientos. “Si no me huelen, quizá se vayan” pensaba, a sabiendas de que aquello no era más que una mentira absurda. Escondido observaba las llamas como se pegaban de unos a otros, observaba como un muerto caía fatalmente al suelo de vez en cuando, fulminado por las llamas.
No sabía cuanto tiempo llevaba escondido de esa manera, mirando a través de las cortinas, cuando por fin las llamas parecieron empezar a ganar terreno frente al asedio zombi. Había costado, pero finalmente el fuego se había propagado lo suficiente y empezaba a consumir la carne de la mayoría de aquellos no-muertos. Roberto lo observaba con el nerviosismo del que observa un partido de futbol, esperando que su equipo marcase un gol a la desesperada. Las llamas empezaban a bailar furiosas por encima de aquellas cabezas, quemando las cabelleras y las caras, que cada vez se mostraban más desfiguradas y aberrantes. Sin duda se había levantado el viento y eso estaba avivando las llamas. No sólo eso, las estaba propagando.
Desde la ventana, Roberto no miraba los rostros de aquellos zombis. Miraba el bulto, el grupo. No eran individuos, eran una masa con miles de cabezas y el doble de brazos y piernas. No daban pena, pese a que semanas antes habían sido personas normales y corriente. Daban miedo, asco y rabia. Pero Roberto no sentía pena de ellos. No podía sentirla.
Las llamas le traían a la memoria algo que había pasado hacía ya casi dos meses. “Qué lejos queda ya todo aquello”. En su recuerdo, él estaba en el piso de sus padres, junto a la puerta que una vez fue el dormitorio del matrimonio. La puerta estaba cerrada pero unas manos la golpeaban y la arañaban desde el interior de la habitación. Lo que ocurrió después era “naranja”. El mismo color que tenía ahora la calle de fuera, en el ocaso del día. Antes del “naranja” no hubo pena por los muertos, ni la habría después. Sólo miedo y rabia.
Sigue leyendo » Episodio XVI;
23/11/2010 at 10:33 Permalink
Cuidado Roberto.Cada vez que liquidas a un podrido, el que viene detrás se puede subir sobre sus restos y la tapia no es demasiado alta. Sigue así quemando a los de las filas traseras. De lo contrario tendrás que darte el piro.
Con esta constancia de capítulos da gusto leer las aventuras de Roberto.
23/11/2010 at 17:28 Permalink
la verdad es que es mejor asi! pocos capitulos cada pocos dias, a tener que esperar y luego meterte una panzada a leer! XD Asi, podemos hacer un paron, y leer las mas que aventuras, pesadillas de Roberto.
y…. BIEN POR EL FUEGO PURIFICADOR!!!
23/11/2010 at 17:45 Permalink
Hola amigos…
Esto me recuerda el capitulo 4 de “The Walking Dead”, en donde esta el grupo en el campamente y los atacan los no-muertos. Ese capitulo me hace preguntarme varias cosas:
Como es que nadie hacia guardia?
Por que no instalaron lineas con latas (o algo que suene) para alertar si algunos las mueven?
Como es que las personas no tienen cada uno un hacha o algun arma?
Perdonen por meter lo de la serie, pero seguro algunos de ustedes la estan viendo.
23/11/2010 at 17:46 Permalink
Hola amigos…
Esto me recuerda el capitulo 4 de “The Walking Dead”, en donde esta el grupo en el campamente y los atacan los no-muertos. Ese capitulo me hace preguntarme varias cosas:
Como es que nadie hacia guardia?
Por que no instalaron lineas con latas (o algo que suene) para alertar si algunos las mueven?
Como es que las personas no tienen cada uno un hacha o algun arma?
Perdonen por meter lo de la serie, pero seguro algunos de ustedes la estan viendo.
PD:
Aqui la pueden bajar
http://new.taringa.net/posts/tv-peliculas-series/7723679/The-Walking-Dead—Todos-los-Capitulos-1-Link-x-Capitulo.html
25/11/2010 at 15:46 Permalink
EJEM…. avisa de spooilers!!!!!!!!! que algunos no hemos visto el capitulo 4, aunque si los 3 restantes!
Por cierto, no son zombis pero he visto hoy el trailer de Battle: los angeles…. Molaaaa
http://www.battlela.com/
29/11/2010 at 17:41 Permalink
Como últimamente nos tienes mal acostumbrados con la regularidad de publicaciones, ya van tocando un par de capitulillos. JEJE, que cara eh.
29/11/2010 at 18:38 Permalink
Hola fieles lectores!! sí lo sé, os he malacostumbrado, lo acepto. Mi situación de parado me ha permitido mantener un ritmo estratosferico durante unas semanas, pero para desdicha vuestra y gloria de mi bolsillo he encontrado un trabajo que me ocupará su tiempo.
Pero no os abandonare! esta última semana ha sido frenética y me ha costado lo mio ponerme. Pero a ver si podemos mantener un ritmo alto de publicación ahora cuando vuelva a recuperar la normalidad.
¡Un saludo!
30/11/2010 at 16:07 Permalink
Enhorabuena!! ya podras… con la cantidad de zombis que hay por ahi, debe haber un monton de puestos libres!! Es coña! es coña!! no esta el horno pa´ bollos.. Enserio, enhorabuena.