Episodio XX

Roberto nunca llegaría a comprender el por qué, pero no fue capaz de llevar a cabo el suicidio. Puede que le faltaran agallas o que simplemente considerara aquella opción como inviable. No importaba, pues a fin de cuentas a la mañana siguiente seguía vivo. A fin de cuentas ¿No era eso lo que realmente importaba? Eso, y que no había malgastado otro cartucho de la escopeta.

La noche pasó lenta y penosamente. Roberto no se movió del lavabo incluso cuando la vela se consumió y quedó sumido en la oscuridad. Puede que se durmiera en algún instante pero cuando la luz comenzó a entrar de nuevo por la pequeña ventana del cuarto de baño, dando la bienvenida a un día nuevo, Roberto tenía la sensación de que había estado sumido en un estado de inconsciencia tal que no sabía realmente si habían pasado tres horas o cuatrocientas. “El tiempo es caprichoso” pensó, “cuando quiere puede pasar muy, muy lento”.

Las rodillas le dolían de haber estado acurrucado en una esquina y sentía que le costaba incluso pensar lúcidamente. Estaba extenuado. Cuando se lavó la cara el agua fría le propinó una bofetada en la cara que lo espabiló y tuvo miedo. La idea del suicidio resultaba excesivamente tentadora en un mundo como el que le había tocado vivir las últimas semanas y eso daba un miedo muy diferente al que daban aquellos aterradores muertos vivientes. “Muertos. De los muertos puedes huir ¿Pero cuánto tiempo puedes huir de ti?” A Roberto le daba la impresión de que la sombra de la desesperanza y el desánimo volverían a revolotear sobre sus hombros. Es más, estaba tan hundido tras aquella fatídica noche que aun sentía la opresión de su deprimente abrazo.

Cuando se asomó a la ventana la estampa que contempló no le alivió lo más mínimo. La calle, tras los muros de la casa que él estaba defendiendo con tanto ahínco, era un mar de personas apelotonadas, aplastándose las unas a las otras. El día había mejorado respecto al anterior, aun así, una fina capa de lluvia se precipitaba sobre aquella multitud que permanecía ajena a las condiciones meteorológicas. “Un mar de muertos”, pensó, “por mucho fuego que lance sobre él, nunca podré evaporarlo por completo”. Cerró la ventana y bajó la persiana hasta que la luz se hizo tan débil que costaba ver. No era el momento de deprimirse más mirando el caos de muerte y hedor que tenía ahí fuera. Se había dado cuenta de que fuera, el olor a carne podrida era ya evidente y las moscas empezaban a hacerse las dueñas del lugar. “Pronto esto será totalmente insalubre, si esto sigue así me pudriré igual que ellos aun sin que me hayan tocado un pelo”. Se decía Roberto para sus adentros, a sabiendas de que conocía la solución a ese problema, pese a no atreverse a pronunciarla en alto.

En ese momento, sus duendecillos hablaron por él.

“Tienes que irte amigo” le dijeron. “Ya tardaste mucho en ponerte en marcha cuando te encerraste en el trastero y conozco a uno que no pudo esperar tu indecisión y acabó volándose la cabeza ¿Acaso vas a esperar a que el resto de supervivientes hagan lo mismo antes de ponerte en marcha?”.

El hombre muerto. Su diario le había dado a conocer la historia de sus últimos días de vida, hasta que acabara suicidándose fruto de una horrible infección y de unos delirios febriles. Cierto era que su muerte no había sido culpa de Roberto. Por lo visto, tras sufrir la mordedura del zombi de su hija, la ponzoña había hecho estragos tanto en su cuerpo como en su mente. Aunque hubiera llegado antes, Roberto no hubiera podido hacer nada por la muerte de su familia, quizá tampoco hubiera podido ayudarle a combatir la infección de la mortal herida, pero ¿qué hubieran podido hacer juntos? quizá entre los dos hubieran podido paliar los efectos de las fiebres, preparar mejores defensas para la casa o escapar a un lugar más alejado de la ciudad, incluso encontrar a otros supervivientes. Quién sabe. Roberto odiaba a esos malditos duendecillos de su cabeza, sobretodo cuando tenían razón.

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6 comentarios en "Episodio XX"

  1. Vicky
    02/04/2011 at 3:18 Permalink

    Cómo es que nadie ha puesto un comentario, eh? la verdad, ésta historia es muy interesante, por lo menos para mí… espero que sigas publicando, de verdad que es muy buen trabajo, bueno, por lo menos lo que he leído, apenas voy en el tercer capitulo, jeje, pero por lo menos hasta ese punto de la historia, va muy bien, buen trabajo quien quiera que seas xD

  2. Unx
    15/04/2011 at 0:54 Permalink

    Ummm nuevos y ávidos lectores!! muchas gracias por el apoyo, se hace lo que se puede. Tienes un buen número de capítulos por delante! Espero que los disfrutes!! Un saludo

  3. Antonio
    04/07/2011 at 9:05 Permalink

    Buen relato, pero la verdad es que sorprende que tu personaje, un psicólogo, esté tan carente de recursos a nivel psicológico. Por lo demás, intachable

  4. Unx
    04/07/2011 at 23:59 Permalink

    jejeje Nunca dije que fuera un buen psicólogo! Gracias por el comentario

  5. Eduardo
    07/03/2012 at 19:59 Permalink

    He leido muchos relatos de zombies… ultimamente estan muy de moda… los caminates de carlos sisi, o apocalipsis z de Manel Louriero, creo sin ningun genero de dudas que si estos libros que comento tuvieron exito, el tuyo esta a su mismo nivel y podria perfectamente tener un sitio en las estanterias de las librerias, tengo la suerte de conocer al escritor de Banu Quasi y me ha explicado como funcionan las editoriales, si te interesa puedo ponerte en contacto con el, creo que tu documento puede llegar a mas gente, personalmente eso opino. un Saludo.

  6. Unx
    12/03/2012 at 17:08 Permalink

    Gracias hombre! es un placer que te guste mi historia y supongo que si vas por este capítulo aun te quedan unos cuantos por delante ¡Espero que los disfrutes! Y si le quieres hablar a otro autor sobre mi obra pues yo encantado!! Aun es una obra inacabada pero tiempo al tiempo!

    ¡Muchas gracias de nuevo!

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