Entre sus manos había un hacha con un mango de madera largo, de unos sesenta centímetros. La hoja de contundente metal era casi como la palma de su mano y pesaba lo suyo. Ahora esa hoja estaba manchada por un espeso líquido negro y viscoso, que había dejado de ser sangre hacía mucho, mucho tiempo. Podía ser un arma espléndida en las manos adecuadas. Más aun, las manos de Roberto estaban empezando a ser las más adecuadas del mundo. No obstante, en sus planes de escape, ese elemento no había estado incluido en ningún momento.
Había preparado una escopeta, un arma de fuego, de cartuchos destructivos preparados para volatilizar el cráneo de cualquier no-muerto que estuviera en el lugar equivocado, en el momento equivocado. La había dejado cerca de la mochila y preparada para cargar con ella cuando fuera necesario. Su intención había sido no utilizarla.
En un segundo, la imagen del cañón de la escopeta atravesando los barrotes metálicos de la puerta de entrada y posándose sobre la nariz de uno de aquellos zombis que se agolpaban tras los muros, resurgió de los oscuros recovecos de la memoria de Roberto. Después, un atronador sonido y un fogonazo cegador. Qué tremenda potencia se liberaba tras apretar el gatillo.
Pero una cosa es la intención y otra, muy diferente, es la realidad. Roberto lo estaba aprendiendo prácticamente a golpes. Y la realidad esta vez había dispuesto las circunstancias para que, en cierto momento, Roberto olvidara devolverla a su sitio tras tener que verse forzada a usarla. ¿Cómo podía haberla podido olvidar? Roberto no paraba de hacerse la misma pregunta, una y otra vez. Pero su pensamiento no paraba ahí. Daba un paso más. ¿Acaso no debía volver a buscarla? Se preguntaba a su vez.
Quizás aun tuviera tiempo. Quizás, desconcertados por su ausencia, los no-muertos habían comenzado a disolverse, buscando un nuevo objetivo en el cual hincar sus mohosos y mortales dientes. O quizás hubieran tomado la casa y jamás podría recuperar aquella escopeta con la que había volando un par de cabezas como si fueran sandias maduras y podridas, explotando en una nube fina y negruzca de carne, sangre y hueso. Una de esas sandias había sido una niña, pero ya estaba muerta y Roberto no sentía el más mínimo ápice de arrepentimiento.
Todo era muy confuso, un remolino de lo que debía y no debía hacer, y a eso había que sumarle los punzantes dolores que estaba empezando a sentir en el tobillo. Si en el pasado Roberto había jugado por eones a basket, jamás ninguno de sus tobillos hubo sufrido la más mínima torcedura. No obstante eso parecía haber cambiado, su forma física había ido en claro declive desde entonces y ahora notaba como su articulación se inflaba dentro de la zapatilla. Eso le iba a doler por días, así que debía de aprovechar ahora que aun estaba caliente y ponerse en marcha. Ya fuera hacia arriba, en dirección al pino viejo, o hacia abajo, en pos de la escopeta de refulgentes cañones azulados.
Entre punzantes y cada vez más frecuentes dolores e incomodas vacilaciones mentales, Roberto decidió que sería la providencia la que dictaminaría sentencia. Se quitó la aparatosa mochila de la que colgaban sacos, arcos, flechas y hachas de mano y la posó en el suelo, aun húmedo. Abrió uno de los bolsillos laterales y buscó a tientas una pequeña caja cuadrada de cartón. Percibió la textura adecuada en sus yemas y extrajo la cajita de la mochila. Dentro, seis cartuchos de escopeta aguardaban su momento de gloria. Roberto creyó recordar que le quedaban más, pero no importaba: Ya estaba decidido.
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12/03/2011 at 16:43 Permalink
No vayas a por la escopeta!!! esos trastos se gastan en el peor de los momentos!! Asalta una comisaria!! que tienen armas!
Me alegra haber leido de una tacada unos cuantos buenos capitulos que hace avanzar la historia!
un saludO!
13/03/2011 at 21:01 Permalink
Jajaja si la verdad es que me ha costado publicar últimamente. Pero bueno he conseguido escribir suficiente para alguna tacada más. Jejeje.
Bueno a mi me alegra no haber perdido a todos los lectores en estos duros momentos de dificultades.
Saludos!
15/03/2011 at 19:00 Permalink
de momento, aqui seguimos.
un saludo
19/03/2011 at 0:53 Permalink
la historia es genial de donde te ispiraste esta muy buena me tiene todo aca de que que va pasar despues
23/03/2011 at 0:55 Permalink
Inspiración? Supongo que las mismas pelis y libros que todos. Jejeje gracias por el apoyo,