Cuatrocientos metros más abajo, una vez dejada atrás la encrucijada, Roberto y su compañero dieron con otra de aquellas rotondas, donde otrora hubiera un cruce, que cortaba la carretera nacional que unía aquellas poblaciones desde tiempos inmemoriales. Roberto creía recordar como su padre le había explicado de pequeño que, como buen emigrante de tierras menos prosperas, cuando él llegó de joven esa era la única manera de ir desde Tarragona hasta más allá de Barcelona. Roberto no sabía si sería verdad o si no era más que otro de esos cuentos que los padres cuentan a sus hijos para dejarlos boquiabiertos, o para hacerlos callar un rato.
Desde allí la altura respecto al mar era cero. Roberto cruzó la carretera como si nada, sin reparar en la gasolinera que quedaba a su izquierda a unos quinientos metros de allí (junto a otra rotonda, las cuales ahora a Roberto se le antojaban sobradamente absurdas) y se dirigió hacia un pequeño túnel que atravesaba las vías del tren por debajo. A partir de allí comenzaban los huertos, los invernaderos y las carreteras destartaladas. Albóndiga parecía haber recuperado la calma y se mantenía tranquilo a su derecha, olfateando con insistencia el terreno, sobretodo las malas hierbas aun húmedas que nacían al borde de la carretera. Roberto pensó que posiblemente aquella era la primera vez que Albóndiga se comportaba como un auténtico perro, ahora que había empezado a pensar que quizá había dado con el último perro retrasado mental de la historia.
Más allá del puente, la tierra se alargaba plana hasta que un muro de hormigón graffiteado se levantaba como una muralla inexpugnable. Era la autopista que por allí cruzaba en dirección a Barcelona. La carretera se elevaba del suelo para pasar sobre la autopista y salvar el obstáculo y debía de estar a un kilómetro de distancia. Era otro de los caminos que le podrían llevar hasta la ciudad condal. No obstante, igual que había pasado con la vía del tren, se había cruzado en su camino demasiado pronto. Roberto necesitaba unos cuantos kilómetros más para sopesar las posibilidades y tomar una decisión.
Era extraño cómo el mundo podía cambiar cuando dejabas el coche de lado para empezar a moverte a pie. Por allí Roberto había pasado algunas veces y, pese a eso, se le antojaba basto y casi interminable, como si se hubiera expandido de forma mágica ahora que no estaba sobre las cuatro veloces ruedas de su coche.
Cuando Roberto llegó a la parte más alta de la carretera al cruzar la autopista decidió descansar un minuto. Era especial mirar sobre la gran carretera de tres carriles para cada dirección. Jamás había visto aquello y hacía que incluso sus pulsaciones se elevaran ante el nerviosismo creciente. Parecían horribles arterias de asfalto que se adentraban en un corazón de cemento y cristal ahora muerto, pues ni un solo coche circulaba por ellas. Y eso no era lo que más miedo daba. La autopista serpenteaba a izquierda y derecha ligeramente del mismo modo que ascendía unos grados para descender otros cuantos y, de fondo, la ciudad de Barcelona comiéndose, por su parte alta, las montañas de Collserola.
En su sueño, la ciudad estaba rodeada por un halo color muerte que se escurría hacia atmosfera como un gas pestilente, más ligero que el aire. Desde allí, no se podía advertir halo alguno pero aun así era imposible no pensar (no imaginarse) que un gigante le esperaba dormido. Su corazón de asfalto estaba a la espera de volver a latir. Y por sus venas no correrían artilugios mecánicos de chapa y cristal a ochenta kilómetros por hora sino lentos y pálidos pedazos de carne apestosa. Como un coagulo fatal, incompatible con la vida.
Sigue leyendo » Episodio V;
23/05/2011 at 23:20 Permalink
Impreeionante!! Sigue escribiendo por favor, cada vez está mas interesante, no hago mas q pensar en cuando roberto llegue a barcelona!!!
24/05/2011 at 15:53 Permalink
Se está poniendo la cosa MUY interesante! Es genial poder identificar los sitios de la historia… Me he tomado la libertad de marcar en un google maps la ruta desde el pino hasta el puente de este último capítulo, pasando por el castillo en ruinas, las rotondas, etc…
http://a.yfrog.com/img864/5594/mapayt.jpg
Para los que quieran verlo con mas calma en Google Maps, o mejor aún, Street View, aqui está la zona de la imágen: http://tinyurl.com/3gved63
25/05/2011 at 19:10 Permalink
¡Saludos!
Esto se está poniendo muy interesante.Tengo ganas de saber si por fin encuentra a algún superviviente.
PD: El link del índice de capítulos de los episodios de Barcelona no funciona.
26/05/2011 at 0:52 Permalink
Jejejeje es verdad… por fin alguien se ha dado cuenta! Espero que el informático se de por aludido!!
Pronto actualizo. Disculpen las molestias…
26/05/2011 at 16:50 Permalink
Si señor, buen aporte Buceante, casi veo a esos podridos ardiendo en el jardín, jejjee