Episodio IX

La chimenea volvió a echar humo por su tubo mientras las horas que predecían al amanecer se esfumaban minuto a minuto. Ahora dentro de la caseta no había dos sino tres seres vivos, la llegada del tercero había sido toda una sorpresa pero Albóndiga parecía casi tan contento como siempre, siendo ahora el foco de las carantoñas de no una sino dos personas. Por un momento, tras el primer y no muy grato encuentro, Roberto había mantenido una actitud recelosa con aquel colega de profesión (superviviente), pero al ver a Albóndiga aceptarlo con aquella naturalidad pudo relajarse aunque fuera un poquito.

Aun así, no sabía por qué, todavía notaba la sangre ardiendo por sus venas, tensando los músculos y alimentando las partes más primarias de su cerebro.

– “Sí lo sabes, Rober. Estas así porque te puso un cuchillo al cuello y apretó hasta que se te cortó la respiración.” –Le dijo la voz del mismo duendecillo al que hubiera apalizado si hubiera podido. –“¡Menuda presentación! Eso sí que son modales.”-Sin duda lo volvería a apalizar de nuevo. Y de nuevo volvía a tener razón.

Roberto estaba tan excitado porque le había parecido desmesurada la actuación de aquella persona. Había imaginado mil veces como sería el primer contacto de nuevo con una persona y nunca se había imaginado algo así. Había incluso fantaseado con la aparición de una preciosa superviviente, que alegrara sus noches de frío y soledad. Sin embargo había sido muy diferente: En la noche y empuñando un largo cuchillo.

Roberto no podía parar de recordar como sus manos se aferraron a la muñeca de aquella mano que se hundía en su pelo, como había notado la muerte y como él había reaccionado ante ella. Hasta el posterior susurro, claro.

Al principio no le salieron las palabras. Su tensión cayó en picado y aflojó todos los músculos de su cuerpo hasta casi derrumbarse. Por poco se meó encima cuando su esfínter se soltó y el chorro volvió a fluir. Luego de aquello, el filo de metal se alejó de su garganta y los dedos le soltaron el enmarañado pelo y pudo contestar. Había sido una escena patética: Él intentando abrocharse los pantalones a la vez que tartamudeaba su nombre, con las piernas de chicle y la cabeza aturdida.

Al final había conseguido encadenar varias palabras en una frase más o menos coherente. La pregunta no había sido fácil, del mismo modo que la respuesta tampoco lo había sido. No obstante, el desconfiado visitante parecía haberse quedado satisfecho y entonces fue él quien habló.

–Tranquilo, colega ¡Que me vas a salpicar! –El sarcasmo no le hizo ninguna gracia, no obstante estaba demasiado aturdido para expresarlo. Sentía sorpresa y rabia a partes iguales, aunque lo que más sentía era una absoluta vergüenza por la patética escena. No había sido un buen comienzo. –Así que Roberto ¿No? Pues encantado, yo soy Javi, pero todo el mundo me llama por mi apellido y la verdad lo prefiero, así que llámame “Jaramillas”.

– “¿Jaramillas? ¿Qué tipo de nombre es ese? Suena a facha anticuado, al cabo más pringado del ejercito.” –Hubiera deseado decir Roberto. –“Y puedes meterte tu cuchillo y tu sarcasmo por el culo, a ver si te parece gracioso, gilipollas”. –Eso tampoco lo dijo. Así que al final no dijo nada y Roberto se limitó a seguir mirando al nuevo con cara de bobo.

–Bueno te daría la mano pero, ya sabes, quizá no fuera muy higiénico. –Luego rió con una burda risilla estridente. –Perdón, perdón. No quiero ofender, pero es que hace mucho que no veo a nadie y he estado un poco nervioso hasta ahora. La risa rompe el hielo ¿No?

– “¡También rompe caras, mamonazo!”. –Por supuesto, eso tampoco lo dijo. Roberto ya estaba más tranquilo, y no era tonto. El gran cuchillo seguía en la mano del tal “Jaramillas” y por lo que sabía, podía estar tan loco como el que más, así que tenía bastante claro que él tenía las de perder.

–Ya veo que no eres peligroso, te pido perdón de nuevo por lo de antes. –Por lo visto, había captado los mensajes no verbales que se debían de reflejar en su cara y aflojó un poco. –No es de buena educación presentarse con mi afilado amigo por delante, pero este no es un mundo muy bien educado ¿No te parece? Bueno, aquí hace bastante frío ¿No me vas a invitar a entrar?

Con un gesto, Roberto le indicó la entrada con su mirada fija en el recién llegado. Dejó que entrara primero en la caseta, esperando que Albóndiga se abalanzase sobre él para poder arrebatarle el cuchillo y demostrarle quién era peligroso y quién no. Pero no pasó nada de eso. Por lo visto su perro había decidido dejar de lado su heroicidad para poder seguir durmiendo un rato más, así que Roberto también claudicó y decidió que lo mejor sería encender de nuevo un fuego.

Sigue leyendo » Episodio X;

No hay comentarios en "Episodio IX"

Deja tu comentario

XHTML TAGS:

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

Subscribe to Comments