Episodio XV

En cuanto cogieron de nuevo la carretera, en dirección a Barcelona, a Roberto se le hizo un nudo en el estómago. Un cartel indicaba que desde ese punto la ciudad condal distaba once kilómetros. Era allí donde quería ir, no obstante, sabía que lo que allí encontraría no sería nada bonito. En aquella moto llegaría demasiado rápido. Sin duda: No estaba preparado para eso.

Roberto se había tomado su viaje a Barcelona como una especie de peregrinaje, o una penitencia. El camino era parte del objetivo. Pensaba que se iría preparando a medida que se acercaba, poco a poco. Muy poco a poco. Pero a ese ritmo podía tardar treinta minutos como mucho.

Sin embargo, tras cinco minutos circulando a una velocidad más bien baja (y de forma mucho más silenciosa) por el asfalto, Jaramillas cogió un pequeño desvío delante de los muros altos de una casa aparentemente abandonada. Las enredaderas habían trepado indistintamente a lo largo de aquel muro, dándole un aspecto de dejadez que hacía que a uno le costara ver aquel edificio como una vivienda ocupada, incluso antes de que la hecatombe zombi aconteciera.

Justo en ese momento Roberto lo entendió. “Es el escondite perfecto”, pensó.

El muro que daba al oeste, el que quedaba del lado de la carretera, era una pared grisácea de unos cuatro metros de alto, comida por las enredaderas que trepaban por doquier. Luego los muros iban haciéndose progresivamente más bajos hasta que, a la altura de la entrada, el muro medía unos dos metros y medio. La parte más alta del muro de la entrada estaba coronada por cristales de botella rotos dispuestos entre el rebozado. Típico de las construcciones caseras de los años noventa. La puerta de entrada del recinto era una plancha de metal galvanizado, sin rejas, que cerraba el perímetro del rectángulo de forma que era imposible ver lo que estaba ocurriendo dentro de la casa, a no ser que tuvieras un helicóptero para mirar desde arriba, claro.

Un candado y una gruesa cadena atravesaban dos agujeros dispuestos en el metal, de modo que la puerta quedaba cerrada de esa manera. Era una cerradura bastante rudimentaria, pero en general todo el recinto desprendía un tono rudimentario, de modo que no desentonaba demasiado.

La moto se detuvo delante de la puerta metálica y Jaramillas hizo que se bajaran del vehículo. Era un vehículo grande y Javier Jaramillas debía ladearla para poder apoyar el pie en el suelo. Cuando todos se bajaron de la moto, éste le tendió el manillar a Roberto.

–¿Te importa aguantarla, colega? –No esperó respuesta y empezó a caminar en dirección del candado mientras rebuscaba en su mochila negra, la cual se había colocado sobre el pecho para darle espacio a Albóndiga. Por lo visto encontró la llave y en un momento la puerta se estaba deslizando sobre sus rieles bien lubricados de forma silenciosa.

Dentro del recinto una casa de dos pisos, más pequeña de lo que hubiera podido parecer de pequeñas ventanas y sobria en exceso y un pino alto y frondoso que se alzaba en medio de un amplio patio cubierto de espinas y alguna piña seca caídas del árbol. Las ramas del pino crecían poderosas en horizontal y chocaban contra la pared de la casa, como queriendo entrar por las ventanas. Delante de la casa y bajo los pinos había dos coches aparcados el uno junto al otro y mirando hacia la puerta metálica de la entrada. El primero era un coche de tres puertas deportivo de color rojo. La versión más potente de un utilitario ordinario, con faldones, llantas relucientes y entradas de aire en el capó, previsiblemente falsas. Un coche hortera, sin duda, pero que a Roberto le parecía cuadrar a la perfección con el estilo “Jaramillas”. El otro era un monovolumen blanco y azul, con una franja de cuadrados rojos cruzando en horizontal y un conjunto de luces de diferentes colores sobre el techo. Era un coche de los Mossos de Escuadra, la policía regional de Cataluña.

El coche tenía el morro algo magullado y la luna frontal quebrada, aunque no lo suficiente como para molestar a su conductor. El parachoques parecía haberse llevado la peor parte del impacto. Éste se encontraba destrozando, radiador incluido y colgaba ligeramente por uno de los lados. Los faros habían aguantado bastante bien, demasiado bien le pareció a Roberto.

Jaramillas luego le explicaría que había tenido que invertir algunas horas en su reparación. Lo más complicado había sido el radiador. El cambio de faros había sido coser y cantar por lo visto. Ambos recambios los había conseguido de un modelo igual que había encontrado en una calle poco transitada, libre del agobio de los muertos que caminaban. Aseguraba que no había sido difícil y es que había que reconocer que ese modelo había sido de los más vendidos cuando aun se vendían coches.

–Había dos policías en su interior. Eran los dos jóvenes y los dos parecían muertos, muertos de verdad. No como esos farsantes que lo parecen y luego se levantan y te intentan joder ¡Vaya si no!. –Le comentó Jaramillas, casi gritando.

–Se habían empotrado en un cruce contra el lateral de otro coche, tenía las llaves puestas así que no le pude decir que no. El rato de reparación ha sido un precio muy bajo para un coche como este ¿No te parece? Además, soy mecánico, no me costó demasiado cambiar un par de faros y un radiador. –Roberto no sabía qué decir. Aunque por lo visto eso no parecía un problema para Jaramillas, que cuando se ponía no había quien lo parase.

–Lo peor, sin duda, fue sacar los cuerpos. ¡Qué ascazo! Aun no olían mal cuando llegué. Eso fue toda una suerte. Así que me llevé un par de cositas preciosas que colgaban de sus cinturones. Más pequeñitas que esa cosa que cuelga de tu espalda.

Instintivamente, Roberto bajó la mirada a la cintura de Javier Jaramillas ¿Podía ser que se le hubiera pasado por alto el hecho de que llevara una pistola colgando a la cintura? No, no se le había pasado. En su cintura no colgaba nada.

Jaramillas percibió la rápida mirada de Roberto, así que volvió a hablar.

–Es una larga historia amigo… –Su mirada bajó hasta que sus ojos ceniza dejaron de verse y sus manos se dirigieron a sus bolsillos para encontrarse con el paquete de picadura de tabaco. Extrajo dos papeles y lió dos cigarrillos con una velocidad pasmosa. Durante esa pausa, ninguno de los dos habló. En el caso de Roberto, eso no fue ninguna novedad. Ya empezaba a sentirse incomodo porque parecía incapaz de poder aportar algo al monólogo de Jaramillas. Cuando tuvo los dos cigarrillos liados encendió uno y se lo tendió a Roberto.

–Gracias… –Dijo Roberto tímido, inseguro.

–Gracias a ti, hombre ¿A quién le daría la charla yo si no? Como habrás podido comprobar hablar no es algo que me cueste demasiado. –Le contesto Jaramillas con una sincera sonrisa en la boca.

Roberto se sintió aliviado. Era grato el contacto con la buena gente y Jaramillas, pese a todo, lo parecía. Luego, encendió su cigarrillo.

Sigue leyendo » Episodio XVI;

3 comentarios en "Episodio XV"

  1. JLVassallo
    24/08/2011 at 15:09 Permalink

    Como siempre impecable el relato. Atrapante he interesante. Admito que me leí perdon me corrijo me comí el 12, 13, 14 y 15, sin parar. Muchas gracias como siempre, la verdad, todos los dias me fijo si agregas algun capitulo y 4 de un saque es una gran alegria. Espero pronto poder seguir leyendo algun nuevo capitulo (haaa no nada de quejas, el culpable sos vos por atraparnos con tu relato ;-) chiste ). Como digo mejor calidad que cantidad. Ahora me pregunto que nos enteraremos de Jaramillas y de la idea de seguir de Roberto. Tantas incognitas que interesante y atrapante. No te aburro mas y no quiero ser pesado.
    Por favor sigue como hasta ahora
    Te deseo lo mejor a ti a tu familia y que logres tus proyectos.
    Slds.

  2. Juanky
    24/08/2011 at 18:00 Permalink

    Hombreeeeeee Robertooooooo !!! Ya estaba yo pensando si los zombis te habían usado de merendola. Me alegra saber que estás bien. Por cierto, el Jaramillas este… no sé, no me fio… Cuidadín, vale ? Y no tardes en volver. Saludos !

  3. DaRo
    25/08/2011 at 2:26 Permalink

    Impresionante como siempre… escribes historias con muchísima calidad!!! Me lo paso genial leyendo cada capitulo, mi mas sincera enhorabuena.
    a ver si no tardamos mucho en ver el capítulo siguiente, que esto está increible!!

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