“Al día siguiente volvió, de día, cuando el sol estaba en lo mas alto del cielo. Era un día algo nubloso y hacía fresco. Aquel hombre apareció vestido con un simple traje negro, sin más abrigo que una camisa y unos pantalones de pinza. Parecía un cura pero no llevaba esa cosa blanca que se ponen al cuello ¿Cómo coño se llama eso? No tengo ni idea, bueno tú ya sabes a qué me refiero colega. Tampoco importa demasiado.
Yo aquella noche no había podido pegar ojo. Estaba nervioso y no había manera de que se me pegaran los párpados. Como por arte de magia se me habían borrado de la cabeza los zombis y sólo había espacio para aquel hombre que apareció en la noche y su teléfono móvil, del que había salido aquella risa tan… inhumana.
Me había quedado medio dormido sentado en una butaca dentro de la caseta cuando escuché como golpeaban la puerta. Había temido que aquello pasara, pero no había sabido reaccionar a tiempo de modo que me pilló desconcertado. Decidí abrir la puerta y hacerme el tonto, como si no supiera nada de lo que había ocurrido aquella misma noche. Sin duda, dude de que pudiera disimular porque me sentía como un flan. Pero al final lo hice. Abrí la puerta, mucho más consciente de los dos cacharros que colgaban de mis caderas. Eso me daba fuerzas, de la misma manera que aquella risa me las quitaba.
En cuanto le vi la cara supe que mentía en cada una de sus palabras ¡Jodido viejo!
Por la noche nunca lo hubiera pensado, aquel hombre podría ser mi abuelo. Tenía el peno canoso y escaso por la coronilla. Era un hombre de cara amistosa, con una gafas grandes de cristal oscuro; no de sol, no; como ahumadas. Eso no se lleva desde los noventa por lo menos. Sus orejas eran bastante grandes y sus cejas grandes y pobladas. Como lo serán las tuyas colega, jeje. Sobre el labio el tío llevaba un bigotito canoso y denso.
Hablaba como un predicador. En su boca todas las palabras sonaban bonitas y tentadoras. Sin duda, aquel hombre le hubiera vendido una nevera a un esquimal. Pero a mi no, colega, a mi no. Yo le había visto la noche anterior, había visto el teléfono funcionar. El mismo teléfono que seguro que llevaba oculto en alguno de sus bolsillos.
Se presentó allí, bajo la puerta de la caseta y yo le dejé entrar para no parecer descortés. Estaba cagado de miedo. Tenía la misma estatura y la misma complexión, pero si por la noche aquella figura se mostraba erguida y daba incluso la impresión de ser robusto, ahora se le veía con los hombros caidos y la espalda ligeramente arqueada, como cansada. Sin embargo yo estaba seguro, era él.
Cuando caminó hasta dentro de la caseta lo hizo renqueando, como si la edad le hubiera pasado factura. Estoy seguro de que fingía ¡Seguro no, segurísimo! ¿Quién sospecharía o pensaría mal de un abuelete impedido? Afuera no había ningún vehículo, por lo menos a la vista, un abuelo con problemas de artrosis en las piernas no podría caminar como si nada por aquí. Parece que no, pero las distancias son largas. Se las daba de listo, la noche anterior andaba saltando y brincando y ahora se las daba de pobrecillo. Pero yo estaba preparado. Bueno, o eso creía.
Se hacía llamar Padre Ramón y decía ser el cura de una parroquia en Barcelona. A mi lo de hacerse llamar “Padre” me sonaba un poco a chulería, pero bueno, me hice el loco y como si nada. Me habló de cómo se habían puesto de feas y de que ni él mismo comprendía cómo había podido pasar todo aquello. Que si Dios patatín, que si Dios patatán. Era convincente el tío. No era de los típicos curas pesados que se llenan la boca hablando de Dios y todas esas patrañas. El de mi comunión era uno de esos, joder qué pesado era el tío ¡Mira que yo la hice por los regalos y el cura que si pecados por aquí, que si perdones por allá!
Pero este no. No, él no era de esos. Soltaba su cantinela victimista con cautela, habla de Dios más bien poco y de la gente y los supervivientes más bien mucho. Resumiendo, el abuelo decía ser el líder espiritual de un grupo de supervivientes que se habían instalado… ¿A que no sabes dónde? Exacto, en Montjuïc. Y venía a decirme que me uniera a ellos, que hacía unos días había partido en busca de más supervivientes y que su misión en los días que le quedaban en este mundo era la de ayudar y servir para que los hijos de Dios, una vez purificados sus pecados, volvieran a reinar. Esta última frase es mía, él no me lo dijo así, pero sonaba a eso ¡Todos los curas son iguales!
Me preguntó por las cosas que se me daban bien y yo ahí le dije la verdad. El Padre Ramón me dijo que un mecánico les iría genial y que, sin querer presionar, seguro que me sentía muy realizado ayudando allí. Que la ayuda era un don divino y cosas por el estilo. Me habló de todas las cosas que teníamos por hablar y que de camino a “casa” podríamos contarnos, que serían interesantísimas y que se moría de ganas de escucharlas. Y no paró de dar las gracias por haber tenido la suerte de encontrarme por casualidad.
¡Maldito charlatán! Si casi me convence y todo. Imagina: Todo el mundo que conoces la ha palmado y los que no son muertos vivientes. Estas en plena crisis existencial y aparece un entrañable abuelete renqueante que te promete el oro y el moro. Pensé en sacar la pistola y dispararle a bocajarro en la cara. O mejor aun, en dispararme a mi mismo, delante suyo. Seguro que hubiera flipado en colores. Bueno esto último es mentira. No lo pensé… se me acaba de ocurrir ahora ¡Pero hubiera estado genial! ¡Vaya si no!
No se ni como saque fuerzas para decirle que no. Tenía la impresión de que le iba a dar un infarto del disgusto. Pero luego recordé aquella risa y conseguí mantenerme firme. Sorprendentemente se mostró muy comprensivo y lo único que me pidió fue que compartiera con él un poco de agua o de cualquier bebida. Decía tener sed del viaje y no llevaba ningún alimento para volver. Me supo mal negarle nada así que fui a por dos vasos y una botella de vino de las primeras que había saqueado de los supermercados los primeros días. Me pareció rácano darle agua de una botella. De lo que pasó después no me acuerdo ya que perdí el sentido.
Dejé la botella y las copas y volví a rebuscar entre las cosas que tenía por ahí a ver si podía darle algo para picar. Ahora lo pienso y no le hubiera dado ni un vaso de agua de la charca que había fuera. No encontré nada digno de picar así que cogí una cagetilla de tabaco y le ofrecí un cigarro.
No lo aceptó, así que me lo fumé yo. Él ya había llenado las copas y me tendía la mia con su asquerosa cara de buena persona. Me bebí el vino mientras el viejo me hacía la rosca sobre lo inteligente que había sido al alejarme de la civilización, sobre todas las cosas interesantes que había conseguido recoger en tan pocos días y sobre mil cosas más. Cuando me dí cuenta me estaba quedando dormido, mientras el viejo seguía hablando sobre zombis y desastres. Intenté levantar la mirada para despabilarme, pero no pude. Intenté si quiera abrir los parpados, no pude. Intenté pensar con claridad y tampoco pude.
¡El jodido viejo me había drogado!
Después de eso supongo que me quedé grogui, de modo que no me acuerdo de nada. Sólo se que al despertarme me habían desvalijado la chabola. Se habían llevado toda mi agua potable, la comida y hasta algunas herramientas del huerto. No me dejaron ni las botas que llevaba puestas. Las dos pistolas tan guapas que me colgaban a la cintura también desaparecieron, por supuesto, pero el coche me lo dejaron. Supongo que al verlo con el morro destrozado decidieron agenciarse uno nuevecito. Eso sí, la gasolina la habían sacado del deposito. Tontos no eran.
Y digo eran, porque era imposible que el viejo aquel se lo llevara todo el solo. Seguro que tenía compinches, incluso un vehículo esperando. Me drogaron, me robaron, y ¿Quién sabe? ¡Puede que incluso me violaran! Hijos de puta…
Y lo peor de todo es que no me acuerdo de nada. Bueno lo peor, lo peor de todo, es que ahora tú te vas a buscar al tipo este. Peor para ti, claro ¿Estás seguro de que eso es lo que quieres hacer?”
Sigue leyendo » Episodio XXII;
19/09/2011 at 0:48 Permalink
Genial!!! Tienes un don para escribir, cada capítulo supera al anterior! Gracias por tardar tan poco en volver a publicar!!!!!
23/09/2011 at 0:39 Permalink
que intriga jopeta , mola sigue porfavor estoy enganchadisimo .
un saludete
27/09/2011 at 9:20 Permalink
Eres un crak ,sigue camarada , que yo vivo en el norte de Camboya y este es el unico libro que tengo.
Me molan mucho tanto el nombre del chucho como el de Jaramillas.
Para cuando la peli?
29/09/2011 at 19:42 Permalink
BUENAS!!! joder, hacia tiempo que no me metia! entre unas cosas y otras casí me habia desintoxicado!!
Que buen giro esta pillando la historia!! un poco de organizacion malvada secreta nunca viene mal!! va genial, en serio.
Bueno, me alegro mucho de que sigas dandole caña, me duelen los ojos de la panzada de leer!
Un saludo!
30/09/2011 at 15:23 Permalink
Muy buenas a todos! Tanto nuevos como clásicos lectores. Muchas gracias por los ánimos. Se avecina tormenta en la Barcelona apocalíptica, que es lo que todos estamos esperando (¡¡yo también ehh!!). Así que espero que lo disfrutéis. Poco a poco la cosa se pone calentita y ahora la trama está más abierta que nunca.
¡Un saludo!
01/10/2011 at 10:46 Permalink
llevo mucho disfrutando en silencio y por fin te voy a felicitar, la historia está de pelotas!!!!
01/10/2011 at 22:45 Permalink
Esto se anima “Unx”.
No estaría mal que le metieras a los relatos unas pistas de audio, con música que veas que va con la trama. Está claro, que cada un en su casa se ponga lo que le apetezca, pero esa opciópn sería un puntazo.
Sigue así, y que esto no se acabe nunca.
28/10/2011 at 0:33 Permalink
Ohhhhh no puedo esperar al próximo capítulo… Unx… Hay fechas para el próximo capítulo? esto está que se sale!