Episodio XXVI

El día despuntó mientras un sol furioso se alzaba sobre el mar, como un carbón al rojo. Jaramillas fue el primero en despertarse y Albóndiga, al escuchar el movimiento, se animó a incorporarse también. Roberto fue el último en salir de la cama, había dormido bien, sorprendentemente bien, y se encontraba con fuerzas para afrontar su nueva aventura.

Nada más levantarse, Jaramillas comenzó a preparar una incursión a un supermercado cercano para aprovisionarse de unos cuantos víveres más con los que podría mantenerse allí un buen tiempo sin preocupaciones. No lo hubiera reconocido nunca, pero no le hacía la más mínima falta aquellas provisiones, no obstante era una excelente excusa para mantener la mente ocupada el día en el que volvería a la soledad. Roberto, a su vez, se puso con la mochila, para ver si podía aligerar un poco el peso.

La despedida fue rápida y fría. Por la noche Roberto había decidido que Albóndiga se quedaría con Jaramillas sí o sí. No estaba dispuesto a ponerlo en peligro por un sueño que no era ni suyo. También había decidido que le regalaría el arco a Jaramillas. Era una pena, pero la verdad es que era un incordio llevarlo a la espalda con las flechas y todo el percal. Además, con lo fanático de las armas que era el tal Jaramillas, seguro que le gustaría tenerlo. A Roberto no le quedaba la menor duda de que a poco que practicara, se convertiría en un gran tirador. En su mochila cargó lo que ya llevaba más alguna botella de agua, cortesía de Jaramillas, el hacha de mano y la escopeta en su funda cruzada a su espalda. Había tenido la suerte de no tener que gastar nada de lo que llevaba en su kit de supervivencia.

Quedaron en que si la cosa estaba muy mal, Roberto volvería. También quedaron en que si la cosa estaba muy bien por allí arriba, Roberto volvería también. Ambos concretaron que “muy bien” significaba que no habría ni rastro del tal Padre Ramón.

A Albóndiga no le costó lo más mínimo separarse de Roberto. Éste le rascó la cabeza entre las dos orejas colgantes, donde al perro más le gustaba, y perro le miró con sus ojillos divertidos mientras ladraba alegremente y daba vueltas sobre sí mismo. En escasos tres días comiendo buenos alimentos, su aspecto era mucho más bueno y sus ladridos más sanos. Incluso parecía tener el pelo de un color más cobrizo.

Roberto le volvió a dar las gracias por la moto y la gasolina. La verdad es que había sido todo un detallazo. Con la moto aquella misma mañana llegaría y se acabarían todas aquellas incógnitas. Asimismo, Roberto había dejado el arco y las flechas en la casa porque sabía que Jaramillas rechazaría el presente si se lo ofrecía directamente. No le gustaban las discusiones del “No hace falta, gracias. –Insisto. –En serio, no hace falta. –Quiero que lo tengas tú. –De verdad que no hace falta… Etc.” A Roberto se le daban muy mal y, además, se alargaban hasta el infinito.

–Si encuentro algo, volveré a por ti y espero que me acompañes. –Le dijo Roberto a modo de despedida. –Y si no encuentro nada, igual vuelvo también. –Era un intento de broma, así que Roberto lo acompañó con una sonrisa cómplice.

–Eso espero ¡Vaya si no! –Contestó Jaramillas. –Como olvides a tu viejo amigo Jaramillas mandaré a Albóndiga a por ti ¡Y él no hace prisioneros!

Aquello había sido gracioso. Los dos rieron y el perro saltó entre ellos con la lengua fuera. Acto seguido Roberto encendió la motocicleta y se puso en marcha. Era raro ir en moto, alguna vez había cogido alguna, pero de eso hacía mucho tiempo, de modo que tenía la sensación de que en cualquier momento podría perder el equilibrio y caer allí ante la mirada de Jaramillas. Hubiera sido francamente patético, pero no pasó.

Roberto avanzó por el camino de tierra entre árboles solitarios, matojos bajos y surcos de arados desiertos. En ningún momento miró atrás. No se atrevía, porque no sabría como acabaría reaccionando si lo hacía.

“Esta es tu aventura Rober, no la suya. Sabes que lo tienes que hacer, así que mirar atrás sólo hará más duro lo que ya lo es de por sí. Lárgate de aquí de una vez.”

Justo detrás de la casa, la carretera discurría en dirección a la autovía, una vez llegara allí sólo tenía que avanzar hasta la entrada de la ciudad por la Gran Vía y coger un nuevo desvío. En cuanto notó que en asfalto se sentía más seguro, Roberto accionó el acelerador de la moto y le imprimió un poco más de ritmo a la travesía. Sin casco y sin guantes, el frío era como afilados cuchillitos cortándole los dedos y la cara. La noche había sido clara, sin nubes, de modo que aquella mañana hacía un frío de escándalo, pese a que la primavera cada vez estaba más cerca. Alguna tímida nube se atrevía a surcar los cielos y el sol, en su ascenso, se las iba cruzando.

Por la altura a la que estaba el sol respecto a la línea de tierra y árboles que formaba el horizonte, Roberto intuía que debían de ser las ocho y pico de la mañana. Aquello era difícil de decir con certeza, pues la primavera se acercaba y los días se iban alargando. No importaba demasiado; pues lo realmente importante es que tenía un montón de horas de luz por delante y pretendía aprovecharlas. En unos minutos llegaría a la autovía, a la altura del aeropuerto, y luego llegaría a la puerta de entrada de Barcelona, la ciudad muerta.

¿Cuánto hacía que no veía un muerto caminando? ¿Tres? ¿Cuatro días? La estancia con Jaramillas habían sido como unas vacaciones extrañamente largas y ya había quedado atrás. Era hora de volver al mundo real, con sus zombis y todo eso. No tardaría en volver a cruzarse con uno de ellos.

Sigue leyendo » Episodio I;

11 comentarios en "Episodio XXVI"

  1. DaRo
    05/11/2011 at 18:43 Permalink

    Te has vuelto a superar!!!!

    Muchas gracias por tus relatos, eres increiblemente bueno!!

  2. Rocio
    06/11/2011 at 18:09 Permalink

    Genial como siempre!!!

  3. Islabobo
    09/11/2011 at 16:08 Permalink

    genial, pero con ganas de masssssssssssssssssss jejejeje venga sigue

  4. DAV
    17/11/2011 at 0:08 Permalink

    Hola a tod@s! como van esos muertos vivientes??

    Ya que nuestro amigo no publica vamos a darle un poco de vida a los comentarios para que vea que seguimos por aquí acechando… hambrientos…

    Propongo una pregunta:
    ¿SI ocurre el apocalipsis zombi, donde quedamos? y ¿Por qué?
    yo digo zaragoza, que me pilla a mano y esta muy bien comunicada!! XDDD

  5. Pep
    25/11/2011 at 11:10 Permalink

    Yo prefiero echarme al monte. En una zona poco poblada, abrupta, pero con valles. Aunque creo que no voy a esperar el apocalipsis zombi, ya estamos viviendo el apocalipsis 20N.

    Por cierto, no sé que pasará con Roberto, pero a Unx se lo ha jalado un podrido, seguro, está perdido el tio.

  6. Unx
    29/11/2011 at 16:35 Permalink

    No me ha comido ningún podrido, de momento!! Siento las velocidades tan lentas! estoy preparando unos cuantos capítulos decisivos y eso, entendedme queridos lectores, requiere de mi tiempo!

    Algún día vuestra santa paciencia sera recompensada!

    Saludos!!

  7. bryan
    30/11/2011 at 0:42 Permalink

    mmm eso es bueno todo trabajo le llega su fruto y me supongo q la espera es por q ya esta dando el fruto y me parece muy bn tomar mas tiempo para capitulos decisivos eso es emocionante

  8. Pep
    02/12/2011 at 10:12 Permalink

    Bromas aparte, Unx estás haciendo un trabajazo, gracias al cual estamos disfrutando de lo lindo.

    Gracias.

  9. DaRo
    18/12/2011 at 20:04 Permalink

    Unx, tienes alguna fecha para el próximo capítulo?? estoy ansioso!!
    Un abrazo

  10. DAV
    24/12/2011 at 17:54 Permalink

    Tanto Buceante como tu sus habéis tomado unas buenas vacaciones no?? Nada, feliz navidad a todos, supongo que para el próximo capitulo nos darán las uvas! jejeje

  11. z33k
    27/12/2011 at 15:07 Permalink

    Vamos que se puede Unx, esperando con ansias el próximo capitulo.

    Saludos

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